Murió en un lugar parecido al de su origen
Terminó entre voraces zancudos, cínifes y otros insectos pequeños y molestos, y lodazales, muy parecidos a los de su empobrecido terruño que lo vio nacer en 1966.
Por: José Luis García Cabrera

Días antes del golpe federal, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”, el nerviosismo que lo tenía tenso, no era por saber que sus pasos eran monitoreados por las agencias de inteligencia de Estados Unidos y México, sino por la maldita enfermedad que sus entrañas sufrían y no le permitían dormir ni comer bien.
Creyó que si reducía el número de matones que le protegían, despistaría a sus perseguidores quienes, seguramente, no intentarían atraparlo en Jalisco, una de las sedes de la Copa del Mundo, pues no ignoraban que correría mucha sangre antes de atraparlo. Y así lo hizo, pero siguió de coscolino. Esa fue su perdición.
Ironías de la vida, cuando llegó su final terrenal, el narco por quien se ofrecían 15 millones de dólares de recompensa, y su fortuna se calculaba superior a los mil millones de dólares, terminó entre veredas de las sierras del Tigre y Tapalpa, Jalisco; entre voraces zancudos, cínifes y otros insectos pequeños y molestos que le chupaban la sangre; y entre lodazales, muy parecidos a los del empobrecido terruño que lo vio nacer en 1966: Aguililla, Michoacán, donde, niño aún, sembraba aguacate y, pocos años después, mariguana.
Las agencias de inteligencia lo habían ubicado en la zona boscosa de Sayula (al sur de Jalisco, que lleva a agrestes sierras con elevadas montañas de más de mil metros de altura, hondos precipicios y accesos difíciles), mediante la intervención de teléfonos celulares de sus hombres de más confianza con software espía (spyware, herramienta de vigilancia), que les permitía acceder a datos en tiempo real, monitoreo, grabación o acceso a sus conversaciones, mensajes y ubicación, sin que éstos lo notaran.
Así que sus pasos, efectivamente, eran monitoreados por no ahora, sino al menos desde los últimos cuarenta años.
Por esas razones, y aunque su salud estaba deteriorada (tenía problemas de riñón e hígado) todo el tiempo se movía, casi no dormía, y cuando dormitaba no lo hacía en la misma residencia por varios días; cambiaba de escoltas de última hora, y, en ocasiones, usaba diferentes disfraces para evitar ser reconocido, puesto que su rostro aparecía en muchos carteles de las agencias de justicia e inteligencia estadounidenses y mexicanas.
Bajo esas condiciones y oculto entre las montañas de las dos sierras jaliscienses, el narcotraficante más buscado del planeta dio rienda suelta a su impulsividad amorosa y movió los hilos para llevar a la cama a una de sus últimas conquistas.
Desde la clandestinidad serrana, sus hombres de confianza contactaron a la joven mujer, pero levantaron tal polvareda que el capricho sexual del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue advertido por los investigadores que le pisaban los talones.
El software espía no tardó en conducir al paradero del proscrito. Fue el principio de su fin. Al menos así lo reveló el general Ricardo Trevilla Trejo, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), al reconstruir parte de los pasos que permitieron la detención del enfermo, nervioso y casi sesentón capo michoacano.

Sus problemas de riñón e hígado empeoraban; le agobiaban, no le permitían comer ni dormir bien. Lo que le mantenían nervioso y mostraban sus estragos en su ajado rostro. Quienes lo vieron en esos últimos días, sostienen que ni todo el poder y fortuna que poseía, evitaban asociarlo con la figura de “un ‘pobre’, tenso y enfermo narco”.
Sus perseguidores estadounidenses, en cambio, lo señalaba como un multimillonario (en dólares) propietario de decenas de residencias construidas a todo lujo en varios países del mundo, pero en particular a lo largo del hermoso Pacífico mexicano.
Le fallaron sus cálculos
Pero sus cálculos de que nadie intentaría detenerlo en Jalisco, antes de la Copa mundial del balompié, le salieron mal; y con un reducido equipo de seguridad personal, para “pasar desapercibido”, lo alcanzó su destino antes de lo esperado. Su decisión la aprovecharon sus rastreadores de la Sedena para, con información estadounidense, dar seguimiento a su gente y planear un operativo secreto para detenerlo a él, cuando se dieran las condiciones propicias.
Durante el seguimiento, el 20 de febrero, los rastreadores ubicaron al hombre que “El Mencho” seleccionó para que le llevara a su más reciente conquista. Lo siguieron y observaron que la trasladó a una cabaña del poblado de Tapalpa, donde la esperaba el enamoradizo jefe del CJNG.
La joven mujer pasó la noche en la cabaña y, al día siguiente, el 21 de febrero, se retiró. Comprobado que había “dormido” con el capo del narcotráfico, y que era allí donde permanecía custodiado por un círculo de seguridad, que no se le separaba. Con la información de los rastreadores, ese mismo día se planeó el operativo y la fuerza castrense que lo realizaría.
Esa fuerza operativa la integrarían tres componentes: terrestre, con personal de la Fuerza Especial conjunta: Fuerzas Especiales del Ejército, Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional; Aeromóvil, constituida con seis helicópteros y personal de Fuerzas Especiales; y una fuerza de apoyo aéreo, de la Fuerza Aérea Mexicana.


Para conservar el secreto y sorpresa del operativo, la fuerza castrense no llegó directamente a Jalisco, sino que estuvo a órdenes, y en situación de alerta en algunos lugares de los estados aledaños. Cuando durante la noche del sábado 21 se corroboró que jefe mafioso seguía en la cabaña de Tapalpa, la fuerza terrestre se desplazó al sitio para después de cercar el lugar, realizar la detención.
La Defensa estaba al tanto de que la gente del CJNG, y el mismo Nemesio Oseguera, estaban armados, por lo que se les aplicaría la Ley Federal de Armas de Fuego y Control y Explosivos para realizar detenciones en flagrancia.
Pero cuando los militares se desplazaron para cercar el lugar, la gente de Nemesio los detectó y no dudó en recibirlos a balazos, para permitir que su jefe dejara el lugar y se ocultara en la maleza de la zona boscosa.
Al repeler la agresión, se desató un “ataque muy violento”, entre los miembros de la Sedena y del crimen organizado.
Cuando cesó la balacera y los militares tuvieron el control del lugar, contabilizaron ocho cadáveres de delincuentes, y observaron que quienes alcanzaron a escapar habían dejado todo un arsenal: armas largas y cortas, miles cartuchos y cargadores e, incluso dos lanzacohetes: uno tipo RPG y otro Blindicide, de origen ruso (con un RPG, en 2015, este grupo delincuencial derribó un helicóptero de la Fuerza Aérea en el municipio Villa Purificación, Jalisco, durante una operación que se montó para detener precisamente a Nemesio Oseguera. En esa ocasión, fallecieron siete militares).
Cuando Nemesio Oseguera y su círculo cercano intentaban escapar (armados hasta los dientes e incluso con lanzacohetes) internándose en una zona boscosa, elementos de Fuerzas Especiales los persiguieron y los ubicaron ocultos entre la maleza.
Descubiertos, Nemesio y sus cuatro matones que cuidaban su integridad, abrieron fuego contra los militares. Para proteger a su jefe, intentaron usar uno de los lanzacohetes que llevaban, pero ante la presión ejercida por la acción castrense, fallaron. Sin embargo, sí impactaron a un helicóptero de la fuerza aeromóvil por lo cual el piloto tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en una instalación militar cercana, en Sayula, sin resultar nadie herido.
Nemesio y dos de sus cuatro guardaespaldas, en cambio, resultaron heridos con diferentes impactos. Los otros dos fueron sometidos. Viendo la gravedad de los lesionados, el personal de Sanidad Militar que acudió al sitio donde yacían, determinó que requerían ser trasladados a la instalación médica más cercana de Jalisco.
Los tres son trepados en un helicóptero para trasladarlos a recibir la debida atención médica en Jalisco. Pero, debido a la gravedad de sus heridas, “El Mencho” y sus dos escoltas, “fallecen en el trayecto”.
Por esta circunstancia, la aeronave se dirigió al Aeropuerto Internacional de Morelia, Michoacán, donde le esperaba un avión de la Fuerza Aérea para trasladar los cuerpos a la Ciudad de México.
Hasta aquí, esta fue parte de la historia de los hechos que a veces, con voz entrecortada, y reprimidos sollozos, contó el general Trevilla Trejo, titular de la Sedena, sobre el operativo para detener a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”, durante la noche-madrugada del domingo 22 del pasado mes de febrero.
Voz entrecortada y reprimidos sollozos, tal vez porque, durante el sangriento operativo, hubo 25 militares muertos y decenas de presuntos delincuentes del grupo de “El Mencho”. Operativo que horas después desató una violenta reacción en más de una veintena de estados del país, destacadamente en Aguililla, Michoacán, el poblado que 59 años antes vio nacer al niño Nemesio.




