La voz, instrumento de trabajo de los actores, un tesoro incomprendido.

Para los actores de doblaje de voz, uno de los casos más conocido en la historia de este arte es sin duda la interpretación del maestro Germán Valdés, mejor conocido como “Tin Tan”, contratado para realizar el doblaje de voz en dos importantes películas de dibujos animados de los años cincuenta. Voces superpuestas que le permitieron a las ilustraciones animadas, hechas en Estados Unidos por la empresa Walt Disney, conquistar en mercado infantil de América latina y habla hispana.
Las aportaciones del maestro Tin tan a esos personajes, son aportes que solamente Don Germán Valdés, indiscutiblemente, podría haberles aportado para alcanzar la grandeza que lograron el gato O’Malley y el oso Baloo.
Al mismo tiempo, la urgencia de la industria cinematográfica norteamericana en hacer presencia en los mercados de América latina, con sus películas en dibujos animados, obligó a las productoras a contratar el mejor talento mexicano “a costa de lo que fuera”, y pocos saben que el pago recibido por el “Pachuco de oro”, representó en aquel momento el más grande por interpretación que algún actor mexicano hubiese recibido por un sólo proyecto. Obviamente la productora norteamericana tenía la intención de conquistar el mercado latinoamericano y sabía la importancia económica que a futuro representaría la audiencia de esa región para sus productos cinematográficos.
Al inicio del siglo XXI, algunos actores de doblaje que prestaban su voz para interpretar los personajes en español de la popular serie Los Simpson, iniciaron una lucha legal frente a la poderosa empresa de televisión norteamericana FOX, que transmitía esa popular serie en los países de habla hispana. Dado el éxito de la serie en toda América latina, los actores que la doblaban al español, aprovechando de lanzamiento de una nueva secuencia de capítulos, buscaron obtener mayores beneficios por sus interpretaciones, al considerar que su trabajo de doblaje aportaba plusvalía a la comercialización de la serie y, por lo tanto, merecían mejores pagos y que su voz debía respetarse en futuras transmisiones de la serie.
La empresa FOX se negó a aceptar una nueva contratación en esas condiciones, por lo que los actores de voz fueron despedidos, sin importar que su trabajo hubiese contribuido a la popularidad de la serie y su consecuente comercialización. Los argumentos que los actores de doblaje esgrimían para continuar prestando su voz a la serie, no fueron suficientes para conseguir ser recontratados, a pesar de haber aportado formas típicas y modismos del español que daban un sentido distinto al original, lo que facilitaba su comercialización en América Latina.
El aporte artístico de estos actores de doblaje fue ignorado y la empresa se dio a la tarea de buscar nuevas figuras que imitasen la voz que los actores de doblaje originales al español, habían aportado a los personajes de la serie. Sin embargo, la serie no tuvo el mismo éxito y la empresa dueña de los personajes y la serie se vio obligada a posteriormente a recontratar a los que habían llevado al éxito en América Latina y en los países de habla hispana. Fue, entonces, el mercado televisivo lo que obligó a las empresas a reconocer el talento y la valía de esos artistas.
Shrek y su odisea

Hoy en día, ocurre un caso muy parecido al de Los Simpson con el exitoso personaje Shrek, interpretado en español por el actor de doblaje Alfonso Obregón, quien, luego de varias películas y ante el próximo lanzamiento de una nueva película de esta franquicia, se niega a interpretar nuevamente al simpático ogro si no recibe una mejor remuneración por su trabajo; también exige que su nombre aparezca en la pantalla como el intérprete en español de este personaje, como aparecen los de los actores que interpretan la voz es su versión original, en inglés. Lo que revive la controversia entre el trabajo de los actores y el reconocimiento moral y económico, por los aportes que un intérprete le otorgue a cualquier tipo de personaje.
¿Por qué habrían de otorgarle un mayor pago y conceder el reconocimiento en pantalla, por realizar el mismo trabajo que ya ha realizado antes?
Vamos por partes. El trabajo de Obregón no se limita únicamente a correr lup tras lup (lección de un punto) y repetir las frases expresadas en inglés traducidas al español, sino que también hace aportes emocionales al personaje que está doblando, que otorgan matices distintos a los originales, dándole una nueva identidad, un nuevo sentido que permite un acercamiento a la audiencia a la que va dirigida. Esto, naturalmente, permite la admisión y seguimiento creciente de la audiencia.
Los modismos, los tonos, el ritmo son un aporte del artista del doblaje y contribuyen a una nueva versión, muchas veces mejorada y distinta de la interpretación original.
Si bien el reclamo que hace el actor de voz, Alfonso Obregón, en cuanto a que su nombre aparezca en la pantalla, es un derecho moral irrenunciable que le conceden las leyes mexicanas como autor de esta nueva versión. Por lo tanto, la empresa podría obligarse a hacerlo, pero solamente en territorio nacional.
En cuanto a la remuneración, es importante señalar que los mercados de audiencias tienen una valoración porcentual que contribuye a valorar con anterioridad un pago potencial para el actor, que le permite aumentar el valor del trabajo en varias ocasiones desde su contratación. Sin embargo, este mecanismo de pago como actores mexicanos, nunca ha sido reclamado en los procesos de contratación y los tabuladores que hoy se manejan en México; para este trabajo son mínimos, y todo pago adicional depende de la “generosidad” de la productora.
El reclamo a una mejor remuneración, que, como dice el actor Obregón, no pretende que se equipare con el pago que recibió el actor norteamericano, sí debe representar un pago correspondiente al éxito comercial del cual su trabajo y aportación tienen que ver.
Hoy en día, este talentoso actor de doblaje mexicano, se enfrenta ante el dilema de renunciar a seguir interpretando a Shrek, o aceptar un pago que no satisface su demanda económica ni reconoce moralmente su interpretación.
Dio inicio la renegociación del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, y el trabajo artístico no se encuentra en la mesa de negociación. Se deja a un lado una materia de trabajo que, derivado de la globalización y las nuevas tecnologías, es obligadamente transfronteriza. De ahí la importancia de la existencia de una negociación colectiva para los artistas de cualquier especialidad, que pueda almacenarse en algún dispositivo electrónico o digital.
Negociación de la que los artistas mexicanos no tienen conocimiento alguno y ese desconocimiento genera la pérdida del valor económico potencial, que tiene la explotación de su trabajo y la plusvalía que pueda adquirir cualquiera de sus ejecuciones.
El rezago en nuestro país, por la ausencia de una efectividad de las agrupaciones que defienden, o dicen defender, el derecho de los artistas sigue y seguirá causando daño si no es atendido por los propios artistas, estableciendo tabuladores piso, que correspondan a la época actual de las obras artísticas.
Por otro lado, irónicamente, los mercados audio visuales se encuentran divididos y valorados por el número de dispositivos electrónicos y población de los países. El valor económico que representan las zonas de difusión de todo contenido audiovisual en el mundo, se contempla previamente a la contratación de artistas prioritariamente norteamericanos. Las evaluaciones, sirven para la comercialización de tiempos de difusión de espacios para transmisión y publicación en todos los países del mundo.
Lo que se contempla previamente a la contratación de nuestros colegas norteamericanos, deriva en grandes honorarios, algo que el artista mexicano ha perdido de vista y, en consecuencia, no sabe cómo rescatar el valor de su trabajo. Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados y la posibilidad de difundir y explotar económicamente, el talento seguirá generando riqueza.
El alcance global de las interpretaciones colectivas como el cine y la televisión merece una atención distinta a la que tiene la música y los cantantes, en las que el nombre del intérprete permite el seguimiento e identificación de lugar, dispositivo y hasta el nombre de quien disfrutó ese contenido musical y el pago derivado por esa utilización y goce, puede ser más fácilmente recuperable, no así para el actor de escena cuyo nombre, trabajo y talento se pierden detrás de un título de película, sin que nadie le reconozca ni económicamente y mucho menos moralmente si no se trata del protagonista.

Por ello, en ocasiones, muchos artistas actores son reconocidos en la calle y recordados por su interpretación, pero no necesariamente éstos saben que a pesar del alcance de globalización que pueda tener su imagen y su voz, recibe un pago que satisfaga sus necesidades cotidianas ni mucho menos pueda tener algún modelo de previsión social.
Lamentablemente, la actividad del doblaje tiene una desventaja adicional: el rostro del artista queda oculto de manera perpetua, aunque, como es el caso de Shrek, haya alegrado los corazones y divertido a millones de hispanoparlantes.
Por ello, y a pesar de todo lo que pueda valer económicamente su interpretación, el caso de este actor de doblaje es representativo de la situación de desequilibrio que enfrentan los artistas ante sus empleadores, en la que el talento es desechable o, como en este caso, el artista se ve en la necesidad de renunciar a la plusvalía que su trabajo proporcionó a un personaje, gracias a su aporte artístico con mayúsculas.
Por eso esta columna se llama “A ver llora”, porque la respuesta es…. “Pues a ver, págame”.


