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El dolor de perder a un ser querido, algo, o a una mascota

Nadie está exento de este tipo de pérdidas

Por tabú social, no buscamos apoyo para procesar la aflicción, con frases como éstas: “yo puedo solo”, “no necesito ayuda”, “con el tiempo se me quita o lo supero”.

Por: Verónica Lucía Nava Rubio

Seguramente te has percatado que después de saludarte y preguntarte “¿cómo estás?”, la mayoría de las veces contestamos: “estoy bien, gracias por preguntar”.

Estar bien, según los especialistas en el tema, es un estado integral de equilibrio físico, mental, emocional y social, no sólo ausencia de enfermedad. Implica saber manejar el estrés, disfrutar la vida, mantener relaciones saludables y adaptarse a los cambios.

Después de conocer esto, ¿realmente estás bien? Todos, sin excepción, tenemos una historia tejida con vivencias “buenas”, “muy buenas”, o todo lo contrario, con familiares, vecinos y/o compañeros de trabajo. Vivencias que, aunque las experimentamos juntos o por separado, las sentimos y procesamos de manera diferente.

Nadie nos salvamos de tener pérdidas en este camino de la vida, que nos dejan huellas, marcas o, incluso, una sensibilidad diferente.

Estos acontecimientos, regularmente, nos alejan o privan de algo o alguien muy significativo para nosotros, ya sea en ese momento o más adelante, y altera nuestras emociones, hay dolor y quizá sea necesario solicitar ayuda.

Sin embargo, existe el tabú social de evitar buscar ayuda para procesar ese dolor, y para no hacerlo, es común utilizar frases como éstas: “yo puedo solo, no necesito ayuda”, “no estoy loco o loca”, “no necesito un loquero”, “yo estoy bien”, “con el tiempo se me quita o lo supero”, entre otras. Es decir, hay negación a aceptar que se necesita ayuda para superar ese momento.

La primera pérdida que sufrimos y casi todos pasamos por alto, la sufrimos al nacer. En el vientre de mamá estamos protegidos, no tenemos frío, nos alimenta y nos da todo lo que necesitamos. Pero al nacer, al separarnos de mamá, como bebés tenemos que encontrar la forma de llamarla para que nos proporcione de todo lo que nos daba en su vientre. ¿Cómo?: por medio del llanto.

Existen varios tipos de pérdidas, entre las más identificadas destacan: las relacionales (incluye el fallecimiento de un ser querido, mascotas; divorcios, rupturas y separaciones).

-De capacidades intrapersonales (de salud, capacidades físicas o mentales). Materiales (de objetos con valor sentimental o económico, posesiones, vivienda o dinero). Evolutivas y de desarrollo (cambios naturales del ciclo vital como la jubilación, el nido vacío, o el paso de la niñez a la adolescencia, a la madurez y a la vejez).

-Ambiguas (cuando las situaciones representan alta ansiedad, demencia o daño cerebral; ausencia física, pero presente psicológicamente. Aquí entran las personas desaparecidas y/o secuestradas). Del entorno o de identidad (de empleo, estatus social, identidad profesional o migración).

Toda pérdida representa un aprendizaje y marca la forma de ver la vida; ayuda a madurar y a valorar o cambiar el entorno personal. Además de evaluar las decisiones, aumenta su resiliencia, ayuda a superar y fortalece el carácter, a reevaluar sus prioridades con una perspectiva más consciente y fortalecida.

No olvidemos que todo lo que sucede tiene una razón de ser, lo importante es estar preparado (a) para enfrentarlo y aceptar la realidad como es; sabiendo que no siempre vamos a tener el control de lo externo, de lo que no está a nuestro alcance evitar.

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