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Dos Bocas: ¿emblema del nuevo México?

No refina petróleo, sino irresponsabilidad e impunidad

Desde hace semanas desbordó una tragedia cubierta con negro chapopote, por más de 630 kilómetros del Golfo de México.

Por: Emeachege

El desastre de la refinería Dos Bocas, vestido de irresponsabilidad, opacidad e impunidad, recorrió Tabasco, Veracruz y Tamaulipas para desbordarse en tragedia cubierta con negro chapopote, por más de 630 kilómetros del Golfo de México.

Desde que se inició su construcción (el 1 de agosto de 2019) en Paraíso, Tabasco, su inauguración (1 de julio de 2022) y comenzó su producción comercial de diésel y gasolina en agosto de 2024, Dos Bocas no ha sido una refinería, sino una serie de irresponsabilidad e impunidad.

El proyecto, que se vendió como símbolo de soberanía energética, ha generado graves impactos ambientales, incluyendo la destrucción de manglares y ecosistemas costeros durante su construcción. Hoy existen escapes de hidrocarburos que provocan la muerte de peces (que, naturalmente, afecta la pesca local), incendios y emisiones contaminantes que dañan el aire y la salud de los vecinos.

Las actividades de “refinación”, liberan sustancias nocivas como dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles, que afectan la calidad del aire y la salud humana.

Su construcción conllevó la eliminación de zonas de manglar, que son vitales para la protección costera y la cría de diversas especies, según documentos de Greenpeace. La Profepa, por su parte, define el daño a los ecosistemas como aquel que provoca la pérdida de elementos ambientales, afectando su estructura y funcionamiento.

A casi un mes del inicio de la tragedia, las autoridades siguen pidiendo a los pescadores detenerse. En Nautla se recogen toneladas de chapopote que destruye ecosistemas. Organizaciones ambientales advierten daños en el corredor arrecifal del suroeste del Golfo.

Lo peor es que la tragedia de Dos Bocas, no es un accidente, sino un modelo, un patrón de ineficiencia que se repite una y otra vez. Esa refinería, en la práctica, ha sido más eficiente causando mal que produciendo. Lo mismo sucede con el Tren Maya y el fallido aeropuerto.

Dos Bocas se construyó contra advertencias, contra plazos de tiempos realistas, contra lógica financiera. Hasta su ubicación (en zona inundable) fue cuestionada desde el inicio, por los daños ecológicos que causaría. Aun así, se construyó, porque era una obra emblemática del creador de la llamada “Cuarta Transformación”.

En esta tragedia, la “austeridad republicana” también hizo lo suyo: recortes en mantenimiento, supervisión y controles. El resultado está a la vista, y avala el dicho de que “lo barato cuesta caro”, y más lo improvisado.

Y si el petróleo se fuga, se derrama por más de 630 kilómetros del Golfo de México, ¿quién responderá? Nadie. Porque ya es la costumbre. Antes una tragedia de este calibre habría sido escándalo nacional. Hoy, después de que el oficialismo ordenó bajar el estándar de lo inaceptable, es una nota más.

Sin embargo, el daño ambiental (que se paga con vidas y con dinero público) ya está hecho y posiblemente tardará muchos años en revertirse. Por otro lado, en Semana Santa el turismo en Veracruz, Tabasco y Tamaulipas resentirán el golpe y ¿quién responderá por ello? Nadie.

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