Si desde “La Chingada” se gesta su sucesión, ¿qué onda con ella?
Los beneficiarios de la “gran corrida” de Silverio Pérez son hoy, ni más ni menos, los vecinos de la tierra de la barbacoa, los caballos y los toros.
Por: Manuel Muñiz Navarro
Bendita inspiración que convierte al hombre “fello” en “faraón”, en “el tormento” de las mujeres, por ser torero, torerazo, rey del trincherazo, el príncipe, el monarca; azteca y español; además joya, sí, un “diamante del redondel”, así describió Agustín Lara al texcocano Silverio Pérez en su famoso paso doble de fama internacional.
Y…, ¿a qué viene esta reflexión o analogía?
Resulta que anduvimos en Texcoco, en la inauguración de la Feria Internacional de Caballo 2026, tierra que vio nacer al “Faraón de Texcoco” Silverio Pérez, el gran torero que llegó a ser, además, presidente municipal, para abrir camino años después a Horacio Duarte, Higinio Martínez, dos veces, y a Delfina Gómez, alcaldesa y hoy gobernadora estatal, todos cobijados por el Peje, desde que era priísta, perredista y hoy (quien sabe qué) Morena y líder moral de la 4T.

El otrora invencible Grupo Atlacomulco, “fábrica de gobernadores” del estado de México, hoy parece ser un pueblo polvoriento y cuasi fantasma, políticamente hablando. Deambulan, cual llorona por las calles, en las noches obscuras los fantasmas de Isidro Fabela, Alfredo del Mazo Vélez, Carlos Hank González, Jorge Jiménez Cantú, Alfredo del Mazo González, Arturo Montiel Rojas, Enrique Peña Nieto y Alfredo del Mazo Maza, todos los que acapararon el poder del estado de México.
Hoy Atlacomulco, después de décadas de dominio absoluto ha cedido sumiso, sin pelear o defender la estafeta para gobernar, de manear casi entreguista, le da a Texcoco el poderío que antes presumían los invencibles atlacomulquenses priístas, ahora, ahí, en la tierra del faraón, se concentra el poder de un presidente municipal, diputados, locales y federales, senadores, secretario general de Gobierno y gobernadora.
Aunque pareciera que la dinastía texcocana es de reciente manufactura “pejeniana” con Delfina Gómez, la realidad es que en Texcoco ya había jerarcas. Ahí nace el señorío de Nezahualcóyotl. Después del monarca mexica, le hereda el trono a su hijo Nezahualpilli.
En Texcoco, pues, viene por aclamación “el faraón” Silverio, quien pudiéramos decir que abrió el camino como presidente municipal en tres ocasiones: 1958-1960, 1967-1969 y 1975-1978, y, de 1961 a 1963, como diputado federal.
Los beneficiarios de la “gran corrida” de Silverio, son hoy ni más ni menos que los vecinos de la tierra de la barbacoa, los caballos y los toros desde aquellos tiempos, en Texcoco. El priísta Silverio no era guapo, era más bien feíto o poco agraciado –como dicen en mi pueblo–, ¡pero que tal en el redondel y con la muleta! Despertaba pasiones y contaba con la “bendición” de los de Atlacomulco, para hacerse del poder, dinero ya tenía, y mucho, mujeres también, pero el poder –que hoy llega desde “La Chingada”– sólo lo daban desde Atlacomulco.
Así, justamente así, los de Texcoco, no son guapos. Claro, la única guapa es la maestra, que digo la maestra, Doña Delfina Gómez y Álvarez, los demás, son feos, porque están peleados entre sí y, a diferencia de los priístas, se dan golpes bajos, patadas por debajo de la mesa.
Resulta que Higinio quiere ser gobernador, porque es senador –por cierto, no estuvo en el evento–; se le anda saliendo del huacal a Delfina, pues él le rinde al jefe de jefes; Horacio Duarte Olivares quiere también, por ser el segundo de a bordo del estado; Mariela Gutiérrez Escalante, senadora, porque es mujer, y hay otros dos que están en el gabinete presidencial, pero, aunque no son mexiquenses, viven desde hace mucho en residencias lujosas en la entidad y, por ende, se sienten con derecho.

Es aquí donde surge el dilema: si desde “La Chingada” se gesta la sucesión de Delfina, entonces qué onda con Claudia y Delfina. Mientras ambas no asuman sus liderazgos cabalmente y sigan rindiendo pleitesías a quien las apoltronó en sus respectivas sillas, entonces los pleitos por la sucesión en el estado de México van a seguir. De manera que cuando Delfina levante la mano para la sucesión federal, a ver quién la va a apoyar, porque sus huestes texcocanas van a deberle el favor ¿a ella o al huésped de Palenque?
Bien, pues esta vez, La Feria Internacional del Caballo de Texcoco, la llamada “Feria de Ferias de México”, sigue siendo “la chelería” más grande del mundo. En cuanto al elenco artístico, después de haber tenido a Vicente Fernández, a Joan Sebastian y muchos grandes artistas nacionales e internacionales, por ahora, lo dejaremos sin comentarios. Ojalá la texcocana y su paisano Horacio logren dar saldo blanco.



