Su asesinato dio origen al CJNG
Murió por una traición de sus socios: “El Chapo” Guzmán y “El Mayo” Zambada, para evitar que creara el Cártel de la Sierra.
Por: J. Cruz García Espinosa

La debacle del Cártel de Sinaloa, que devino en la creación de la organización de narcotraficantes más grande del planeta (opera en más de 30 países), el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) –cuyo dirigente principal, Nemesio Oseguera “El Mencho”, fue abatido el pasado 22 de febrero– comenzó con las sorpresivas muertes de Ignacio “Nacho” Coronel y la de su sobrino, Mario Carrasco Coronel, “El Gallo”, a manos de militares el 29 y el 30 de julio de 2010 en Zapopan, Jalisco.
“Nacho” Coronel, junto con Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada aparecían como los principales jefes del Cártel de Sinaloa. Mario Carrasco Coronel, “El Gallo”, además de su sobrino, era el más viable a suceder en el cargo a “Nacho” Coronel.
Por lo anterior, la muerte de los Coronel, generó diversas hipótesis y comentarios en la ciudadanía, abrumada por la narcoviolencia que hasta el mes de julio de 2010 arrojaba un saldo sangriento de 28 mil muertos en ese año. Algunos de esos rumores eran realmente increíbles y descabellados.
Según los informes oficiales, “Nacho” Coronel y su sobrino “El Gallo”, fueron abatidos a balazos con menos de 24 horas de diferencia, entre la tarde del jueves 29 y el viernes 30 de julio, en dos operativos que realizó el Ejército en un fraccionamiento de Zapopan, Jalisco.
“Nacho” Coronel era el segundo gran capo que moría en operativos federales en un lapso de siete meses. Antes había caído Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, cabeza de los hermanos Beltrán Leyva.
Según la DEA, la muerte de “Nacho” Coronel fue un golpe demoledor al Cártel de Sinaloa. De acuerdo a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la muerte de El Gallo “afecta aún más” a la organización criminal dirigida por “El Chapo” y “El Mayo”.
Apenas la Sedena confirmó los hechos, la noche del jueves 29 la agencia antinarcóticos estadounidense, a través de un comunicado felicitó al gobierno mexicano por el operativo que derivó en la muerte de Coronel Villarreal, debido a éste era uno de los narcotraficantes más buscados en México y Estados Unidos.
Por Coronel Villarreal, de 56 años, conocido como “Nacho” Coronel o “El rey del cristal”, el gobierno estadounidense ofrecía 5 millones de dólares como recompensa a quien facilitara su captura. Lo responsabilizaba de ingresar miles de toneladas de cocaína a Estados Unidos, así como de “la muerte de cientos de personas, al ampliar las operaciones de tráfico de drogas del cártel”.
Reacciones encontradas
Pero apenas se supo de la inesperada muerte de “Nacho” Coronel y la casi inmediata y “conveniente” la de su sobrino “El Gallo”, los rumores e hipótesis en el medio policiaco y la ciudadanía en general, no se hicieron esperar. Entre las más socorridas, destacaba que fueron muertos por una traición de sus socios: “El Chapo” Guzmán y “El Mayo” Zambada, ante su vertiginoso crecimiento y para evitar que crearan otro grupo (el Cártel de la Sierra), con intereses muy diferentes al de Sinaloa.


Otra: para demostrar, el gobierno federal, de que no protegía al grupo de “El Chapo” Guzmán, como fuertemente se rumoraba. Una más: que por su relación con los Carrillo Fuentes (cabezas del Cártel de Juárez, fundado por el desaparecido Amado Carrillo Fuentes, “El señor de los cielos”) era una amenaza para “El Chapo”. Incluso: que antes de asesinarlos, a los Coronel el gobierno federal los había secuestrado, en acuerdo con Guzmán Loera.
Se aseguraba que su muerte, fue planeada y orquestada desde la Procuraduría General de Justicia del estado de Jalisco, ya que el procurador Tomás Coronado y el alcalde de Zapopan, “tenían compromisos con Los Zetas”, grupo rival del Cártel de Sinaloa que “ya dominaba algunos municipios sinaloenses, lo cual hace años era impensable”.
Se decía, asimismo, que una vez entrando Los Zetas a Jalisco, la ciudadanía no contaría con la “protección” que les brindaba “Nacho” Coronel, por lo que los asesinatos y secuestros se volverían el pan de cada día en la entidad antes “controlada y protegida” por el capo muerto. Como hasta la fecha sucede.
Otras versiones aseguraban que la muerte de los dos Coronel, fueron “para despistar a la gente”, que de una u otra manera manifestaba que el gobierno federal sólo había detenido o abatido a narcos ajenos al Cártel de Sinaloa, como los Beltrán Leyva, por ejemplo.
Ante la falta de fotografías del capo muerto, de casquillos percutidos fuera de la residencia donde se aseguraba ocurrió la balacera, de huellas de bala en las fachadas de la casa o en los autos estacionados cerca del lugar de los hechos, entre la ciudadanía común circuló la versión de que todo podría ser “una falacia orquestada por las propias autoridades federales”.
“Lo peor que hizo el gobierno federal, fue acabar con “Nacho” Coronel, que generaba empleos y no andaba asesinando como Los Zetas o La Familia Michoacana: cortando cabezas ni dejando hieleras por todos lados. “Nacho” Coronel, donó muchísimo dinero para escuelas y hospitales”, se decía entre la gente de a pie del estado de Jalisco.

Sus pleitos contra Los Zetas y los Beltrán Leyva
Ignacio “Nacho” Coronel Villarreal nació en Canelas, Durango el 1 de febrero de 1954; desde joven ingresó a las filas del narcotráfico hasta ser parte importante de la estructura criminal de “El Chapo” Guzmán. Era el encargado de la plaza del occidente y parte del Pacífico, por lo que las autoridades federales de México y Estados Unidos le perseguían por los delitos de delincuencia organizada y trasiego de drogas.
Inteligencia militar de la Secretaría de Marina (Semar) le seguía los pasos. Ubicó su residencia en uno de los fraccionamientos exclusivos de la zona de la ribera de Chapala, conocido como El Molino.
En abril de 2010, había muerto su hijo Alejandro Coronel M., de 16 años, a manos de sicarios de Los Zetas y del grupo de los Beltrán Leyva, comandados por Héctor Beltrán Leyva, “El H”, por lo que “Nacho” Coronel ordenó la ejecución de los asesinos de su primogénito. Varios cadáveres incinerados aparecieron días después en Xalisco, Nayarit.
En junio de ese año, Clara Helena Laborín Archuleta, esposa de “El H”, fue secuestrada por gente de Coronel, en el estado de Sonora, pero después fue puesta en libertad.
En el lugar donde fue hallada, se encontró la nota: “Nosotros te vamos a enseñar a ser hombre y a respetar a la familia, asesino de niños. Aquí está tu esposa, por la que te negaste a responder: te la entrego sana y salva, para que veas y aprendas que para nosotros la familia es sagrada”.
Desde entonces, se recrudeció la declarada guerra entre el grupo de Coronel contra Los Zetas y los Beltrán Leyva.
Coronel controlaba la plaza de Jalisco, con Guadalajara como su principal centro de operaciones, según la ficha que de él tenía el FBI quien ofrecía una recompensa de 5 millones de dólares, por información que condujera a su arresto.
Proporcionó “información complementaria” para abatirlo
A “El Mencho” le seguía los pasos el Comando Norte gringo
Al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera, “El Mencho”, lo ubicó con precisión desde el sábado 21 de febrero la inteligencia militar de la Sedena, pero desde el viernes por la noche se había filtrado que había una operación en curso para detenerlo.
La operación –con “información complementaria” de Estados Unidos, como parte de la coordinación y cooperación con ese país– tuvo lugar durante la madrugada del domingo 22 de febrero, con la participación de aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) y elementos de la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional (GN), y de las Fuerzas Especiales del Ejército mexicano.
El secretario de la Defensa Nacional (Sedena), el general Ricardo Trevilla Trejo, al informar sobre el abatimiento de Nemesio Oseguera (en la conferencia matutina de la presidenta Sheinbaum), nunca precisó en qué consistió la “información complementaria” estadounidense.
Sin embargo, horas después del operativo y cuando miembros del CJNG incendiaban vehículos en carreteras de casi todo el país, medios informativos extranjeros aseguraban en las redes que en el intercambio de “información complementaria” colaboró el Comando Norte de Estados Unidos, dirigido por el general Gregory M. Guillot, con quien previamente se habían reunido el general Trevilla Trejo, titular de la Sedena, y el secretario de la Marina, el almirante Raymundo Morales Ángeles.


