Ponerle precio a la cabeza de los delincuentes, sigue vigente
Bajo el rango de “colaboradores”, los soplones reciben protección y privilegios y, en determinados casos, se les cambia de identidad.
Por: J. Cruz García Espinosa

Los escupeorejas (delatores, soplones o “delincuentes arrepentidos”), la traición y el dinero, es la nueva estrategia de Washington para desestabilizar y fracturar desde adentro a los cárteles de la droga. Mediante su Programa de Recompensas por Narcotráfico (NRP) del Departamento de Estado, no sólo busca la colaboración ciudadana, sino incentivar que los propios narcos y sus cómplices a que delaten a sus jefes o aliados a cambio de millones de dólares, inmunidad y protección.
Esta táctica se ha intensificado de manera drástica con gigantescas bolsas de dinero, destinadas a quebrar la lealtad interna en las organizaciones delictivas.
En días pasados el Gobierno estadunidense puso el precio de 100 millones de dólares para detener a la dirigencia del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), una cantidad exorbitante que rebasa las recompensas que se habían establecido con 50 millones por Nicolás Maduro; 10 millones por Iván Archivaldo Guzmán Salazar; otros 10 millones por Jesús Alfredo Guzmán (ambos hijos de “El Chapo” Guzmán) y 15 millones por Ismael “El Mayo” Zambada.
La estrategia opera, supuestamente, bajo una premisa psicológica y económica clara: conforme los líderes criminales envejecen, caen o son asesinados, la desconfianza aumenta. Al ofrecer sumas de dinero históricas, mediante la DEA, Washington busca que el círculo más cercano de un capo vea más rentable la traición que mantener una alianza que tarde o temprano terminará en prisión o la muerte.
Según el recién nombrado subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Juan Pablo Segura, el NRP ha pagado más de 200 millones de dólares en recompensas a lo largo de su historia. Estos fondos se financian directamente con el dinero decomisado y las multas pagadas por los mismos narcos.
En ese contexto, Estados Unidos ha reconfigurado sus prioridades, concentrando montos multimillonarios en los cárteles que inundan su territorio con drogas sintéticas letales como el fentanilo.
Tras confirmarse la muerte del fundador del CJNG, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, desplegó una bolsa conjunta de 102 millones de dólares por sus nuevos líderes. Su objetivo número uno es Juan Carlos Valencia González, “El Pelón” o “El 03”, por quien se ofrece 25 millones de dólares, la cifra más alta jamás fijada para un capo mexicano, igualando recompensas históricas de seguridad global.
La presión sigue fija sobre las facciones del hoy fraccionado Cártel de Sinaloa: Mantiene vigentes recompensas de 10 millones de dólares por figuras clave como los Chapitos: Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar.

Esta estrategia de recompensas también se extiende a políticos acusados de narcoterrorismo. El monto ofrecido por información que lleve a la condena de Nicolás Maduro se elevó radicalmente hasta los 50 millones de dólares, lo que aviva la teoría y sospecha de delación dentro de su propio círculo de seguridad.
El éxito de la traición ha demostrado ser altamente efectivo en años recientes para descabezar organizaciones complejas. El ejemplo más claro y emblemático ocurrió a mediados de 2024 con la captura coordinada de “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López (hijo de “El Chapo”). Considerado como un “golpe monumental”, fue el resultado directo de una traición interna de alto impacto en contra del líder histórico de Sinaloa, sin necesidad de disparar una sola bala estadounidense en suelo mexicano.
La Casa Blanca complementa los incentivos económicos de la traición con una postura operativa mucho más severa: bloqueo inmediato de bienes a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) a cualquier operador financiero o grupo criminal aliado, y condicionar el apoyo de inteligencia y seguridad a México a cambio de capturas clave y extradiciones exprés.
Así, pues, la estrategia estadounidense ha dejado de basarse puramente en la fuerza armada en el exterior para mudarse al terreno de los soplones, la delación, la traición y guerra psicológica y financiera. Con esta estrategia, Washington logra que los cárteles gasten sus recursos defendiéndose de sus propios exaliados.








