No son sólo sonidos, sino herramientas de cambio
Tú eres lo que hablas y transmites. En los tres últimos días qué dijiste, cómo lo dijiste; qué te dijeron, cómo lo hicieron, y cómo te sentiste.
Por: Verónica Lucía Nava Rubio

Amiga, amigo lector, te comento: los humanos poseemos una de las fuerzas más transformadoras, capaz de crear realidades, sanar heridas o destruir: las palabras. Un poder maravilloso, cuyo impacto se manifiesta en todos los aspectos de nuestra vida, salud mental y hasta la forma en que nos relacionamos con el mundo.
Sí, las palabras no son sólo sonidos, sino herramientas de cambio que activan respuestas biológicas inmediatas, pues mediante ellas se pueden transmitir verdades y mentiras; y, por su tonalidad, pueden sonar cálidas o agresivas; transmitir emociones y mostrar la realidad.
Aquí te muestro algunos ejemplos de cómo actúan como herramientas de cambio y su efecto cuando se utilizan negativamente, en términos como “no puedo”, “fracaso” o para criticar severamente. Estas frases frenan las funciones lógicas del cerebro y generan ansiedad.
Las palabras positivas, en cambio, como expresar gratitud, amor o para motivar mejoran el estado de ánimo, la memoria y la capacidad de resolver problemas.
En nuestro diálogo interno, lo que nos decimos a nosotros mismos y lo que les decimos a los demás actúan como moldeadoras de la realidad. Es decir, si nos repetimos una y otra vez que “no somos buenos para algo”, nuestro cerebro buscará justificaciones para darnos la razón. Ejemplo, si cambiamos el “no puedo” por un “estoy aprendiendo”, reconfigura nuestro enfoque hacia el crecimiento.
Una palabra de aliento (ya sea de un padre, un profesor, un líder o un amigo) genera confianza, mientras que una etiqueta destructiva puede sepultar el potencial de alguien. Dicho de otra manera: las palabras pueden marcar el destino de una persona.
En las relaciones humanas, la forma en que elegimos nuestras palabras determina la calidad del vínculo. Decir simplemente, por ejemplo, “Entiendo cómo te sientes” o “Estoy contigo”, tiene el poder de calmar el dolor y hacer que quien pasa por un trance doloroso se sienta mejor.
El tono que utilizas, es muy importante. A veces no es “lo que dices”, sino “cómo lo dices”. Una verdad dicha con crueldad pierde su valor y se convierte en una agresión.
Con las palabras transfieres información, mantienes emociones y memorias (positivas o negativas). Haz memoria, revisa tus tres últimos días y anota qué palabras has dicho y te han dicho, y cómo te sentiste.
Actualmente, debido a las crisis económicas, sociales, culturales, raciales, motivacionales, ideas, etcétera, es común escuchar palabras toxicas en el hogar, en la calle, en el trabajo, que dañan y desequilibran la salud mental y confianza.
En ocasiones, las personas también utilizan las criticas destructivas. Directa o indirectamente, atacan a tu persona, cuerpo o inteligencia con frases hirientes hacia los miembros de tu familia, tu escuela o trabajo para hacerte sentir inferior: “Tú no vas a poder” o “No sirves para nada”.
A estas personas, les gusta verte con baja autoestima e intentan hacerte creer que “no eres capaz de hacer nada”, que “no vales ni para ti mismo o misma”. Quieren verte inseguro, porque te equivocas o no tienes la misma opinión que los demás.
Cuando estas palabras vienen de personas cercanas, el impacto es mayor, ya que la flagelación familiar crea un ambiente negativo, afecta tu autoestima y el bienestar emocional; crea ansiedad, depresión, conflictos y aislamiento.
Si realmente quieres cambiar esto, ya sea en un entorno familiar, laboral, escolar, etcétera, es necesario romper estos patrones de comunicación, crea límites claros y posturas firmes. Repite, por ejemplo, “No voy a permitir que me hables en ese tono”, “Si insiste en usar esas palabras, me retiro”. Mantén la calma y no te enganches en discusiones.
Recuerda, nadie tiene derecho a hablarte mal, ni a insultarte ni a menospreciarte, si alguna conversación sube de tono, es mejor retirarse, después de afirmar: “Hablaremos de esto cuando podamos hacerlo con respeto”.
El cambio empieza en ti; tú eres lo que hablas y transmites. Por lo tanto, crea la mejor versión de ti con tus palabras y cultívalas con la lectura, siempre encontraras algo nuevo y respuestas a lo que buscas.







