Héctor Carreón Garcés, un fantasma que se niega a morir

Lleva décadas con licencia oficial para transar como dirigente sindical

Sin representación sindical, insiste en estropear la selección del presidente del SUTGCDMX, e influir en sus elecciones seccionales del próximo año

Por: Mario Hernández González

Héctor Carreón Garcés lleva décadas como fantasma con licencia oficial para transar como dirigente sindical. 

El problema es que no es bueno en su actividad –aun cuando amasó una fortuna con la venta de plazas y comisiones sindicales, debido a lo cual tiene averiguaciones previas en su contra y la Contraloría capitalina le pisa los talones–, por lo que no consigue despegar como su supuesto amigo, el multimillonario Pedro Haces Barba, diputado federal de Morena y secretario general de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México, CATEM, señalado de ser “el principal facturero y encargado del outsourcing en el país”. 

Para Carreón Garcés las cosas se complicaron desde que dejó la dirigencia de la Sección 12 del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la CDMX y se unió a Ricardo Cruz Cotero, para dirigir el llamado Sindicato Mexicano de Salud (SIMESA).

Solo, sin fuerza ni representación sindical alguna, ni los apoyos políticos que presumía tener, insiste –a manera del esquirol que rompe reglas sindicales, involucrando al SIMESA– en estropear la eminente (en septiembre próximo) selección del presidente de esa asociación laboral (en la que puntea Hugo Alonso Ortiz, dirigente la Sección Uno) e influir en sus elecciones seccionales del próximo año; procesos internos que sólo competen al SUTGCDMX, de acuerdo a sus estatutos.

Como Hui Buh, personaje de “El fantasma simplón”, creado en 1969 por Eberhard Alexander-Burgh y protagonista de una saga de libros muy popular en la década de 1970, Carreón Garcés hace hasta lo más absurdo para recuperar los poderes que una vez creyó tener. No hacerlo, lo sabe, desaparecerán para siempre.

Con esa mentalidad, en el ámbito sindical deambula como un fantasma que se niega a morir, pese a que ya no tiene poder ni legado ni influencia.

Contra lo que pudiese creerse, la debacle de nuestro personaje sindical no es nueva. Se agudizó el día que la Fiscalía de Justicia capitalina reabrió las innumerables averiguaciones previas que hay en su contra y la Contraloría comenzó a seguir sus huellas cuando, en 2021, amenazó con buscar la reelección como dirigente de la Sección Doce del SUTGCDMX.

Cuando eso sucedió, se quedó solo y sin apoyos políticos. Lo que permitió que el Gobierno central, como incómodo inquilino, lo lanzara del Deportivo 18 de Marzo, el centro de esparcimiento para los trabajadores del SUTGCDMX y particulares, que mediante la corrupción, el servilismo y una serie de excesos, había convertido en su negocio privado.

Lejos quedaron (si es que una vez los hubo, como tantas veces lo presumió) los apoyos que una vez le brindaron funcionarios durante el de Miguel Ángel Mancera (2012-2018), quienes le dieron manga ancha para la venta de plazas, comisiones y credenciales sindicales. 

Fue la época en la que nuestro fantasma simplón manejaba hasta 2 mil comisiones sindicales, las cuales vendía en cinco mil pesos cada una (diez millones de pesos cada mes); “moches”, que, después de “pellizcar” su parte respectiva, repartía entre los funcionarios manceristas).

A esos diez millones de pesos, en promedio (que, por supuesto, nunca vieron los miles de miembros de la Sección Doce), se sumaban las fortunas que generaba con la venta de plazas y el manejo discrecional del Deportivo 18 de Marzo. Fortuna que le permitió corromper, también, a no pocos de sus allegados sindicales: les obsequiaba autos del año y los invitaba a sus bacanales privadas.

Se estima que Carreón Garcés, cada mes, por usufructuar el Deportivo 18 de Marzo, recibía no menos de 250 mil pesos. Ya que prácticamente lo rentaba todo: el estacionamiento, la alberca, las canchas y los salones de eventos. Además, en sus instalaciones abrió un restaurante y habilitó, en plena pandemia del Covid-19, un autocinema para más de cien autos.

Para mantener sus lucrativos negocios particulares y seguir entregado a los vicios, lo mismo le echaba porras a una que otros candidatos presidenciales: Alejandra Barrales, del PRD, y a José Antonio Meade, del PRI. 

Fue la época en la que también buscó a los entonces senadores Pedro Haces Barba, dirigente nacional de la CATEM, y Ricardo Monreal Ávila. 

No le importó que, en el caso de Monreal, éste había jugado las contras a Claudia Sheinbaum y a Morena, en las elecciones de 2018 en la Ciudad de México. Estaba convencido de que sería diputado local plurinominal por Fuerza Social por México, partido de Pedro Haces (a quien destinó el 18 de Marzo, como su centro de operaciones), que, al final, no lograría su registro.

En la cabecita obnubilada del ambicioso Carreón Garcés, nunca se anidó la idea de todo aquello no pasaba desapercibido para los operadores políticos de Morena, en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, para Claudia Sheinbaum. 

Falta de visión o de sensibilidad política que hoy lo tiene sin fuero, sin representación sindical alguna, y con un futuro por demás incierto, por las no pocas y diversas denuncias penales, administrativas, civiles y hasta familiares que pesan sobre él.

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