Decide ser feliz por ti

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Tu futuro es tuyo, de nadie más

Lee y crece para ayudarte, porque sólo en ti está el cambio y tu paz interna; deja salir la verdadera persona que está dentro de ti.

Por: Verónica Lucía Nava Rubio

La capacidad de adaptación es una de las habilidades más importantes que desarrollamos desde la infancia. Es clave para la evolución y la superación de obstáculos a lo largo de la vida.

Desarrollar esta capacidad desde niños (de manera progresiva y basada en la seguridad emocional) ayuda a aceptar la incertidumbre, ser más flexibles y creativos ante los retos del futuro.

La adaptación no sólo ocurre en el aula, sino en cada cambio de rutina, entorno o relación que enfrentamos. De niños nos adaptamos a través del juego y la interacción con otros pequeños, aprendemos a desenvolvernos, estableciendo lazos sociales y explorando el mundo.

Al paso de los años en familia, con amistades o en un momento de quietud, melancolía, hay veces en las que recordamos cómo fue papá y mamá, su tiro certero del chanclazo o del borrador del profesor, las veces que te quedaste sin cenar por no terminar la tarea; el grito de “¡burro!”, “¡inútil!”, la comparación entre hermanos, golpes, caídas, etcétera.

Pero si reseñamos lo vivido en la infancia y juventud, y aun en madurez, hay recuerdos, cosas que duelen y nos han hecho vulnerable. Son heridas que no hemos podido sanar y no sólo nos dañan a nosotros, sino a nuestros seres queridos, con quienes repetimos esas acciones y actitudes vividas.

Y eso es lo que hay que sanar.

Si investigas más fondo dentro de ti y tus vivencias, podrás identificar y conectar con lo que sientes, lo que te duele. Es doloroso, pero sólo de esa manera podrás procesar estos sucesos, y sanarlos.

Si crees que “no tienes heridas”, preguntante si tienes problemas de autoestima, eres muy crítico o exigente, no te valoras, tienes ansiedad, sientes vacíos y tristezas, soledad, explotas con facilidad, no puedes expresarte bien, tienes conductas de riesgo, evitas lugares, personas o temas, no confías en nadie, dañas a los demás con palabras y/o golpes; piensan mucho en el qué hubiera pasado, o buscas explicaciones que no llegan.

Estas heridas son de rechazo, de abandono, de humillación, de traición y de injusticia. Cada una de éstas, genera una máscara que se utilizan como mecanismo de defensa, para evitar revivir el dolor.

Para sanar, es fundamental y necesario identificar y aceptar la herida o heridas que nos aquejan. Detecta, asimismo, qué cambios puedes hacer en el presente, pues recuerda que el pasado no se puede cambiar, el ahora sí.

Después de detectar qué cambios puedes hacer en el presente, decide ser feliz por ti, por quien eres y aceptando lo que venga día con día, lo que no está en ti poder cambiar y validando lo mejor de cada experiencia.

No dejes a un lado la ayuda profesional; lee y crece para ayudarte, porque sólo en ti está el cambio y tu paz interna; deja salir la verdadera persona que está dentro de ti. El futuro es tuyo.

Todos hemos pasado sucesos dolorosos y tenemos heridas. Como todo mundo, tenemos altibajos a nivel personal y familiares, pero para ayudarnos, aceptamos consejos y críticas, aunque éstas duelan. Esto nos ayuda a progresar, crecer un poco más, y darnos cuenta de que la vida es única y que de cada uno de nosotros depende hacerla mejor cada día.

México necesita personas que sepan valorarse, cuidarse y aprendan a vivir; que deseen ser mejores, comenzando en uno, para transmitirlo a nuestros hijos y la gente más cercana. No importa tu edad, ni fecha para cambiar. Ese día es hoy.

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