Hoy bajo el liderazgo de Gerardo Martínez Hernández
Representante obrero enemigo de las medias tintas, que ha emergido una y otra vez de las cenizas y sus derrotas para retomar sus sueños sindicales
Por: Zeus
Cuando los capitalinos en 1904 se enteraron que el presidente Porfirio Díaz aceptó la Alianza de Tranviarios de México (ATM), no sospecharon que acababan de ser parte de una gran noticia: había llegado el sindicato que representaría y defendería los derechos laborales de los trabajadores del transporte eléctrico, en particular los vinculados con los tranvías que en el entonces Distrito Federal –con la ruta Zócalo-Tacubaya– operaban desde cuatro años antes: el 15 de enero de 1900.

Allí, en la capital de la República Mexicana, lloroso y rosáceo estaba el pequeño sindicato que se convertiría en parte de la historia del sindicalismo nacional, en el que destacaría –cien años después– Gerardo Martínez Hernández, actual secretario general; dirigente audaz, tenaz y apasionado, mezcla de una megalomanía vinculada a la grandeza que alcanza reconocimientos no sólo del ámbito sindical sino de las autoridades laborales.
Valiente representante obrero, enemigo feroz de las medias tintas; indomable animal que ha emergido una y otra vez de las cenizas de sus derrotas para retomar sus sueños sindicales, y cuestionar a sus atónitos detractores que quieren hacer del sindicalismo política banal.

Aunque nació en el mismo año en el cual vieron la luz grandes personajes como el sindicalista y luchador social, Valentín Campa; el actor y director de cine, Emilio “El Indio” Fernández; el escritor y político, Agustín Yáñez; el poeta, cronista, ensayista y dramaturgo, Salvador Novo; la actriz y estrella de la época de oro del cine mexicano, Dolores del Río; y el abogado, catedrático, escritor, académico y político, Andrés Serra Rojas, la ATM desde sus primeros años enfrentó no pocas dificultades.
Sin tribunales de competencia específica para ventilar esos conflictos, y sin leyes que les dieran solución –por lo que eran en su mayoría resueltos mediante la imposición de la voluntad del más fuerte–; el castigo para el trabajador indisciplinado, su despido y encarcelamiento, o si tenía alguna deuda pendiente, fueron las formas unidas o separadas con que se acostumbraba resolver los problemas laborales.
Al paso de los años, y la modernización del transporte, los tranvías fueron reemplazados por trolebuses y otros transportes eléctricos: el Tren Ligero y el Cablebús, por ejemplo. Lo que permitió a la ATM ampliar su ámbito sindical, al representar a los trabajadores de los trolebuses administrados por el Servicio de Transportes Eléctricos (STE) en la Ciudad de México. Hoy, los trolebuses y el Tren Ligero son parte de la Red de Movilidad Integrada de la capital.

Los desafíos que enfrentó
Durante el primer decenio del nuevo siglo, al igual que la mayoría de los sindicatos, la Alianza de Tranviarios de México pareció “congelarse” frente a los no pocos desafíos significativos que presentaba el siglo XXI, incluyendo la necesidad de adaptarse a un entorno globalizado, promover la democracia interna, y fortalecer la unidad y la solidaridad entre sus agremiados, que exigían nuevas formas de representación por la influencia del neoliberalismo en las relaciones laborales.
Desafíos a los cuales hizo frente, una vez que Gerardo Martínez Hernández llegó a la Secretaría General de la ATM, y el “patrón” (en este caso el Gobierno capitalino) casi sepultó el transporte eléctrico en la Ciudad de México en 2017, cuando recortó más del 60 por ciento al presupuesto del Trolebús y el Tren Ligero.
Sobrepuesto a la casi extinción, el líder entendió que el Tratado de Libre Comercio con Canadá y los Estados Unidos, había expuesto a los sindicatos a una mayor competencia y a la necesidad de proteger los derechos laborales en un contexto internacional; por lo mismo, la participación activa de los trabajadores en la toma de decisiones, la transparencia en la gestión sindical y la renovación de liderazgos, eran cruciales para construir un sindicalismo más democrático y representativo.
Desde entonces, Gerardo Martínez Hernández al frente de la ATM, comenzó a superar la visión tradicional del sindicalismo y adoptó una perspectiva más amplia, como la defensa real de los derechos laborales: atacar las condiciones de trabajo inestables, mal remuneradas y con falta de protección social. De esta manera, fortaleció la unidad y la solidaridad en su gremio y entre otros sindicatos para hacer frente a los desafíos comunes.
En resumen, transformó a la ATM para afrontar los retos del siglo XXI. Adaptándose a la globalización y renovando su enfoque para proteger los derechos de sus agremiados, promovió la democracia, la unidad y la solidaridad. Lo que permitió que en 2019 la organización, con él encabezándola, saliera de su letargo, con nuevas reglas laborales que exigían dar cumplimiento al voto libre, secreto y directo; a la rendición de cuentas, y mayor participación de mujeres para la conducción de trolebuses y el Tren Ligero, como sucede en otras latitudes.

Hoy en día, la ATM cuenta con 350 operadores y una veintena de aspirantes esperan poder manejar los trolebuses y está vigente la contratación de más personal para el mantenimiento de las unidades, los talleres y demás instalaciones, todo bajo las nuevas reglas laborales de un sindicato que a más de cien años de existencia, con Gerardo Martínez Hernández dirigiéndolo, sigue creciendo con la estrecha colaboración del Gobierno de la Ciudad de México.






