El término lo inventó la socióloga alemana Ruth Glass, en 1964
Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Oaxaca, Quintana Roo, Sinaloa y Yucatán, son los estados más afectados por este fenómeno urbano
Por: J. Cruz García Espinosa
“Los ricos ya tienen el Centro Histórico, y van a empezar a crecer y a crecer (…) y no les importa si la gente de abajo se tiene que ir a Estados Unidos o se tiene que ir a la chingada”, dijo el Subcomandante Marcos en un acto público con comerciantes y trabajadoras sexuales de La Merced, el 3 de mayo de 2006.

Gentrificación es un concepto impronunciable que, en pocas palabras, es un proceso de renovación y reconstrucción urbana que se acompaña de un flujo de personas de clase media o alta, que suelen desplazar a los habitantes más pobres de sus barrios o colonias renovadas o reconstruidas.
Aunque la lucha por los espacios urbanos con potencial económico ha sido una constante en la historia de la Ciudad de México, sorprende cómo en las últimas dos décadas el término “gentrificación” es utilizado por los movimientos sociales.

El primer registro que encontramos en medios informativos se remonta a 2006 y corresponde a las problemáticas expuestas por el “Movement for Justice in El Barrio”, que luchaba por la permanencia de cientos de familias latinoamericanas en Harlem, Nueva York, ante la amenaza de expulsión por un consorcio británico que había adquirido más de 40 edificios en la zona y pretendía revenderlos a precio de oro. Al final, la crisis financiera estadounidense dio al traste a esas pretensiones, y los habitantes del Harlem hispánico negociaron su permanencia en el corazón de la ciudad de los rascacielos.
En todos los países donde se ha popularizado, el concepto propicia intensos debates entre, por un lado, autoridades e intelectuales que suelen negar la existencia de semejantes procesos y, por otro, los grupos sociales y vecinales que denuncian la intención, mediante diversos proyectos urbanos, de expulsar a la gente pobre y reemplazarla por nuevos y más solventes.

¿Cuándo se volvió un tema de los movimientos sociales en México?
En septiembre de 2015, el colectivo español Left Hand Rotation implantó en La Merced una nueva edición del taller “Gentrificación no es un nombre de señora”. Con ejemplos concretos, debates y dinámicas de educación popular, hizo posible que los participantes se apropiaran del término para describir lo que ocurre en sus lugares de vida.
Al taller también acudieron organizaciones de habitantes y comerciantes que luchaban por mantenerse en el centro de la ciudad, pese a la intensa actividad inmobiliaria registrada desde 2003, cuando –a solicitud del gobierno de Andrés Manuel López Obrador– el magnate Carlos Slim, decidió involucrar sus empresas y fundaciones en el “rescate” del Centro Histórico, lo que motivó una serie de intentos de desalojo e incluso enfrentamientos directos con un grupo de abogados que intentaron despojarlos de sus bienes.
El taller resultó en un intercambio de experiencias entre grupos que difícilmente habrían coincidido en otros espacios. Las causas del movimiento urbano popular se encontraron con las demandas de los vecinos de la colonia Juárez contra el entonces corredor cultural Chapultepec, un proyecto comercial e inmobiliario que de “cultural” tenía sólo el nombre.
En realidad, un grupo de empresarios pretendía dirigir los flujos humanos de la glorieta de Insurgentes, mediante un andador elevado enlazado a un gigantesco centro comercial.
Al final, gracias a la difusión de la problemática en este tipo de espacios, el megaproyecto fue el primero en caer en la lista de las zonas especiales de desarrollo económico y social (Zode), que desde el principio suscitó más rechazo que entusiasmo entre la población.
Desde entonces, para los grupos que hacen frente a grandes proyectos inmobiliarios, la gentrificación dejó de ser un concepto ajeno.







