De politiquería y otras tiznaderas

Eso lo sabe a plenitud la ahora “jefa”, Clara Brugada, ¿y?

El crimen organizado, en la CDMX desde hace décadas

Los “jefes” y “jefas” de Gobierno, permitieron que se domiciliara en la capital mexicana, aunque siempre lo negaron

Por: Yomerito

Durante casi las tres últimas décadas la llamada “oposición” (hoy representada por Morena) ha “gobernado” la ciudad más grande del país, donde se asientan los tres Poderes. La mayoría de esos “Jefes” de Gobierno nacieron en el antiguo Distrito Federal, y hasta presumen que le dieron su Constitución Política, cuando, en realidad, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard Casaubón, Miguel Ángel Mancera, Claudia Sheinbaum y hoy Clara Brugada, ni siquiera conocen su historia.

Fueron décadas en las que esos “jefes” y “jefas” de Gobierno, permitieron que se domiciliara el crimen organizado en la capital mexicana, aunque siempre lo negaron. 

Sin embargo, hay que decirlo también, los capos Miguel Ángel Félix Gallardo, “El Padrino”; Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”; Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”; y Rafael Caro Quintero, asentados en Guadalajara, Jalisco, en el sexenio 1976-1982, ya operaban en el Distrito Federal, por los que se hablaba del corredor “San Jerónimo-Atizapán”, en alusión a los pedregales de San Ángel y la plaza mexiquense a donde esporádicamente llegaban los narcos sinaloenses.

Fue en la década de los 80s, cuando se empezó a hablar de la droga y de cárteles. Sobre todo, después de que, en una marisquería de Insurgentes, se intentó asesinar a quien se denominaría “El señor de los Cielos”, Amado Carrillo Fuentes, del Cártel de Juárez, a quien los “sagaces” policías de la PGR “descubrirían” y asegurarían (con todo y las decenas pacas de dólares y de droga) una residencia en los pedregales.

El fallido atentado contra “El señor de los Cielos” debió, al menos, suscitar la sospecha de que el crimen organizado ya operaba en la Ciudad de México; además de que las más suntuosas tiendas de Santa Fe, continuamente eran asaltadas con métodos de “alta escuela”. Pero no fue así. Las autoridades capitalinas lo negaron. Como hasta hace unos cuantos meses. 

En esa misma década, el Desierto de los Leones, Lomas de Chapultepec, San Ángel y las colonias Del Valle y Nápoles, se convirtieron en punto clave para el lavado de dinero, lo que tampoco provocó suspicacias de las autoridades federales.

Tampoco que, siguiendo a Atizapán en la competencia de los mejores fraccionamientos residenciales del país, en Huixquilucan, estado de México, comenzaron a aparecer los ríos de dólares, las lujosas mansiones y los modernos y caros vehículos último modelo, en particular en Lomas de Santa Fe.

Aun cuando el perredista Miguel Ángel Mancera armó su largo escalafón burocrático en las áreas de Seguridad Pública y la Procuraduría General de Justicia, hasta sus últimos días como jefe de Gobierno negó que la creciente violencia criminal en Iztapalapa, Iztacalco, Gustavo A. Madero y Coyoacán, principalmente, era obra del crimen organizado.

Sin embargo, a mediados de 2018, la sangrienta huella del crimen organizado de nueva cuenta se hizo presente en la delegación Cuauhtémoc, donde aparecieron restos humanos dispersados sobre la Avenida de los Insurgentes. Y antes, en Iztapalapa y Tláhuac, se habían registrado balaceras de más de tres horas de duración, con al menos cuatro muertos y decenas de heridos en el primer conteo.

Que el crimen organizado operaba en la ya constitucionalizada Ciudad de México desde hace décadas, era un hecho. Y eso lo sabía hasta el limpia botas de la esquina. Menos, claro, los sedicentes “jefes” y “jefas” de Gobierno de la “oposición” que la han “gobernado” durante casi tres décadas.

 Bien. Ahora lo saben a plenitud. ¿Y?

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