Unos 200 mil son estudiantes de secundaria y preparatoria
¿Cómo se abastece ese gigantesco mercado de mariguana, cocaína, drogas sintéticas e inhalantes, principalmente, si no es mediante la corrupción?
Por: Emeachege

En la Ciudad de México hay cerca de un millón de consumidores de distintas drogas, de los cuales unos 200 mil son estudiantes de secundaria y preparatoria. No son cifras producto de la especulación, sino del Gobierno capitalino.
¿Cómo se abastece ese gigantesco mercado de mariguana, cocaína, drogas sintéticas e inhalantes, principalmente, con una estructura de distribución tan amplia como eficaz, si no es mediante la corrupción o –mejor dicho– el pago de sobornos a políticos, jefes militares y policiacos?
¿Cuánto dinero genera a esa estructura criminal ese mercado de consumidores?, ¿y quiénes compiten o luchan por conservar, lograr o mantener su control?
Porque no se trata sólo de clientes habituales, sino también de las redes que van desde la recepción de las drogas –donde los aeropuertos Benito Juárez y ahora también el Felipe Ángeles, así como las centrales camioneras: Norte, Sur (Taxqueña), Oriente (Tapo) y Poniente (Observatorio), son clave en ese sentido–, hasta su producción (en el caso de las drogas sintéticas). Sin olvidar su acopio, distribución y comercialización.
Los datos sobre la ya vieja lucha entre distintos grupos respecto a la comercialización de drogas son públicos y están debidamente documentados.
La existencia de grupos dedicados al narcomenudeo no se puede ocultar, lo mismo que el gigantesco mercado de consumidores que reciben la droga en forma sistemática. Todo es una realidad que bien conocen, pero disimulan o intentan minimizar las autoridades capitalinas y federales.
Cuando se publica sobre la existencia de estos grupos, los responsables de combatirlos mienten sin inmutarse. Dicen, por ejemplo: “tenemos plenamente identificado al grupo que opera en la capital mexicana”, pero no informan “para no entorpecer las investigaciones”.
Para comenzar, no es verdad que sea sólo un grupo, sino varios los que desde hace años se disputan la Ciudad de México, que consideran el mercado más importante del país.
Mienten, también, cuando aseguran que la capital mexicana no padece el mismo tipo de violencia que en otras ciudades. Sin embargo, los cuerpos desmembrados o colgados (con narco-mensajes), los secuestros, las desapariciones, los levantones y la extorsión, igualmente se registran como en las otras violentas ciudades.
El atentado fallido en junio de 2020 contra el secretario de Seguridad de la capital, Omar García Harfuch (hoy titular de Seguridad y Protección Ciudadana), que él mismo atribuyó al CJNG, en una zona de alto nivel adquisitivo y donde se asientan embajadas y representaciones diplomáticas. Lo mismo que el asesinato, el 20 de mayo de 2025, de Ximena Guzmán y José Muñoz, colaboradores cercanos de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, son claros ejemplos de que ese tipo de violencia responde al crimen organizado, aun cuando Brugada presume que “las áreas de seguridad capitalinas cuentan con una de las mejores policías del país”.

Los desaparecidos y los levantones (que en no pocas ocasiones son sinónimo de muerte), sin duda, son un desafío para el Gobierno que debe asumir como sólo dos de los muchos delitos que comete el crimen organizado todos los días.
Los grupos del narcomenudeo son otros enemigos de esta administración y de los capitalinos, no sólo por la distribución de estupefacientes sino porque son también quienes roban, extorsionan, chantajean. Además, los gobiernos federal y capitalino tienen que asumir que hay corrupción en sus filas, porque el casi millón de consumidores de drogas, no lo pueden ocultar sus mentiras bajo el tapete.
Tepito, clave para el crimen
Tepito juega un papel clave en la operación del crimen organizado en la Ciudad de México. Allí almacena, distribuye y comercializa drogas, contrata asesinos, consigue armas y hasta documentación apócrifa para cometer fraudes, evadir impuestos o, incluso, obtener una identidad falsa.
Para quienes han estado al frente de la capital mexicana y sus 16 alcaldías (antes delegaciones), al menos en los últimos 50 años (priístas, panistas, perredistas y hoy morenistas), nada de esto es nuevo; es información vieja. Aun así, esas actividades criminales persisten. Peor: se han incrementado frente a sus narices y disimulo.
Los capitalinos menos informados, por su parte, comenzaron a enterarse del lazo que une al barrio de Tepito con el crimen organizado apenas en 2010, cuando un puñado de delincuentes “arrepentidos”, sin rubor se convirtieron en soplones de sus captores (“testigos protegidos”, los llamaba eufemísticamente la entonces PGR-hoy FGR), cuyas delaciones quedaron asentadas en las averiguaciones previas: FAS/T2/841/10-09, FCUH/CUH-3/T1/1031/10-10, PGR/SEIDO/UEIDCS/112/2010, FCUH/CUH-3/T1/1031/10-10, y PGR/SIEDO/UEIDCS/218/2011, entre muchas otras.
*

Tampoco es nuevo que en Tepito operan al menos diez grupos dedicados al asesinato, la venta de armas, el narcomenudeo, el robo de vehículos y de transeúntes; el secuestro, la extorsión y la piratería, entre otras linduras propias de los delincuentes.
Quienes deberían combatirlos, los identifican como delincuentes que se disputan el control del barrio, pero sólo eso. Teniéndolos plenamente reconocidos, los miembros de La Unión Tepito, la Fuerza Anti Unión Tepito, El cártel de Tepito, Los Pelones, Los Perros, Los Negros, Los Gordos, Los Chinos, y muchos otros integrantes de la fauna delincuencial siguen libres y, sospechosamente, operan desde hace años.
Estudios de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC-CDMX) y la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJ-CDMX), indican que estos grupos criminales los componen, principalmente, jóvenes que no rebasan los 25 años. Algunos son hijos de padres en prisión o que se dedican al narcomenudeo. Algunos son contratados para asesinar. Mediante estas actividades, obtienen dinero “fácil” y “reconocimiento” en el barrio.
Las viejas vecindades (con conductos secretos que las conectan con otras viviendas) de las calles Hojalateros, Jesús Carranza, Tenochtitlán, Libertad, Caridad, Peralvillo, Fray Bartolomé de las Casas, Mineros, Labradores, Lecumberri y Alfarería son sus guaridas y algunas las utilizan para almacenar mercancía robada: cargamentos de aparatos electrónicos, joyas, animales exóticos, botellas de licor y, por supuesto, paquetes con cocaína o mariguana.
La Barbie, ideólogo de La Unión Tepito

Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, podría decirse que fue el ideólogo, en 2010, de la Unión Tepito, el grupo criminal que se apoderó del mercado capitalino de drogas; y con ello inició una nueva pesadilla para ese barrio y, en general, para el resto de los habitantes de la Ciudad de México. Los asesinatos aumentaron de manera exponencial.
La tarde del 18 de mayo de 2010, muerto su jefe Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, y enemistado con sus antiguos socios: Héctor Beltrán Leyva y Sergio Villarreal Barragán, El Grande, quienes lo acusaban de traición, La Barbie llegó a Tepito protegido por unos cien pistoleros que celosamente vigilaron la vieja vecindad de la calle Hojalateros, donde se internó con dos acompañantes, y donde, convocados por él, le esperaba un grupo de los principales distribuidores de drogas del barrio.
Su arribo y el despliego de sus pistoleros, fueron detectados por las autoridades capitalinas y federales, pero nada hicieron para detenerlo, a pesar de tener conocimiento que era uno de los narcos más buscados por el gobierno mexicano y la DEA.
La reunión-comida (a la que fueron convocados alrededor de 20 individuos), en la que no faltaron los tragos, las drogas y los “buenos deseos”, se prolongó por más de seis horas, según lo relataría el propio narco cuatro meses después, tras de ser arrestado en el estado de México.
El motivo principal era unir a los grupos delictivos de Tepito bajo el padrinazgo de La Barbie, quien se comprometió a surtirles las drogas suficientes a un precio menor al establecido entonces, y compartirles parte del apoyo que le brindaban sus protectores de la PGR y la Policía Federal.
Apadrinando e impulsando al nuevo grupo criminal por él ideado, La Barbie pretendía obtener utilidades que superaran las pérdidas que le ocasionaban la persecución de la DEA y su pleito con el hermano de El Barbas, Héctor Beltrán Leyva, y El Grande.
De manera que podría asegurarse que el 18 de mayo de 2010 nació La Unión Tepito, la banda criminal que por un tiempo se apoderó –mediante el asesinato y los levantones– del mercado capitalino de las drogas.
Inicialmente, el grupo delictivo lo conformaron los hermanos Francisco Javier y Armando Hernández Gómez; los Castro (en ese entonces su líder, Jorge Castro Moreno, El Abuelo, estaba en prisión); los Romero Romero, y los hermanos Magaña, que controlaban el corredor de Insurgentes y la Zona Rosa.
Las familias y bandas que no fueron incluidas en La Unión y no aceptaron someterse, fueron eliminadas… pero no del todo. Menos con la aparición en la capital del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que las buscó para aliarse y conformar el grupo de Tláhuac y la Anti Unión, y así poder entrar a la Ciudad de México.






