Los narcos y los tratos de “paz” de Adán

Su jefe de la Policía, Hernán Bermúdez, despareció la competencia criminal no organizada

Con “La Barredora” suplió a La Cofradía o Hermandad, banda de delincuentes creada por el secretario de Seguridad Pública Juan Cano Torres, una década antes

Por: J. Cruz García Espinosa

Tabasco era un campo de batalla de los Zetas, el Cártel del Golfo y La Cofradía o Hermandad cuando Adán Augusto llegó a la gubernatura en 2019. Pero como él se creía un hombre de visión, supo que para pacificar la entidad primero debía conseguir la paz entre esas facciones criminales.

Envió, entonces, emisarios a entrevistarse con los jefes de esos grupos, y cuando supo cuáles eran sus aspiraciones les propuso esferas de influencia que serían respetadas por su administración. Pero como había demasiados intereses opuestos, decidió que la “paz” sería posible hasta que el número de jefes y plazas quedara reducido a una cifra más manejable.

Los Zetas, el Cártel del Golfo y La Cofradía o Hermandad eran demasiado poderosos para ser eliminados. De manera que las pandillas de asaltantes, homicidas y violadores, secuestradores y traficantes de personas, huachicoleros y cobradores de piso independientes, que operaban sin la protección de las autoridades tabasqueñas, tendrían que desaparecer. Fue entonces cuando se ordenó lo que podría considerarse como una cruzada contra la delincuencia no organizada, la cual como secretario de Seguridad Pública del estado encabezaría el yucateco Hernán Bermúdez Requena, quien desapareció La Cofradía o Hermandad y creó “La Barredora”, con la cual operó, primero, a lo largo de Tabasco y luego en todo el sureste del país.

En la década de los noventa, el Cártel del Golfo ganó presencia en el sureste mexicano. Sin embargo, con la división de los cárteles, tras la “muerte” de Amado Carrillo Fuentes, El señor de los cielos, a principios del nuevo siglo iniciaron su expansión hacia esta región, incrementando la inseguridad y la violencia. Desde el arribo de los Zetas, en Tabasco, en el gobierno de Manuel Andrade Díaz (2002-2006), el poder del Cártel del Golfo disminuyó, pero la lucha por los territorios creció.

Con Andrés Granier Melo (2006-2012), el gobierno estatal fue penetrado por La Cofradía o Hermandad, grupo criminal que operó bajo el mando de Juan Cano Torres (titular de la Secretaría de Seguridad Pública en la administración de Andrade Díaz), quien fue detenido en 2007 cuando fungía como coordinador de la Comisión Especial para la Transferencia de los Servicios Públicos municipales en el gobierno de Granier. La Cofradía o Hermandad, también penetró a las fuerzas armadas. Catorce mandos militares comisionados en Tabasco, fueron detenidos entre 2007 y 2008.

Siendo gobernador Arturo Núñez Jiménez (2013-2018), la fragmentación de los grupos de narcotraficantes a nivel nacional, ocasionó el arribo de nuevas células de los cárteles Jalisco Nueva Generación, de Sinaloa, el Golfo y Zetas. Su llegada simultánea, en Tabasco, intensificó la lucha por la hegemonía territorial en la entidad.

Adán Augusto dejó la gubernatura a finales de agosto de 2021, para dirigir la Secretaría de Gobernación. Desde entonces no faltaron quienes perversamente le dijeron que era el político “más fuerte” e “idóneo”, para relevar en la Presidencia a su “amigo”. Y él, cándidamente, lo creyó.

A su llegada al gabinete –en sustitución de Olga Sánchez Cordero–, el Presidente lo presentó como el “amigo y compañero entrañable” encargado de construir buenas relaciones:

–Adán va hacerse cargo de todos los asuntos públicos políticos: la relación respetuosa con gobernadores, la Fiscalía General de la República y con el Poder Judicial.

Lo presentó, también, como el “negociador” de las principales iniciativas de reforma que impulsaría, durante la segunda mitad de su sexenio.

Pero lejos de la imagen de “negociador” y neutralidad con la que llegó a Gobernación, Adán Augusto se mostró frío, calculador y sólo enfocado en las tareas encomendadas por su paisano. Y cuando lo etiquetó como una de sus corcholatas, sus actitudes se tornaron ríspidas con los opositores políticos al Gobierno federal, y hasta la misma ciudadanía.

Para finales de 2022, a esas actitudes se sumaron sus poses ofensivas que mostraba en contra de gobernadores de otros partidos, en su defensa a la política denominada “militarista” por la oposición política la cual señalaba que con su antagonismo “hacía campaña”. Pero ni así Adán Augusto logró superar en las encuestas a Ebrard, ni a Claudia, pese a que para algunos sectores de la población era el candidato “idóneo” por su cercanía con su paisano.

Raíces y primeras hazañas de Adán

En un rancho del municipio Paraíso, Tabasco, el notario Payambé López Falconi y la maestra Aurora Hernández Sánchez, formaron una familia compuesta por cuatro hijas e hijos: Silvia Aurora y Rosalinda, Adán Augusto y Melchor.

Las crónicas dicen que a Payambé acudió Andrés Manuel para que, como notario, diera fe legal de las “irregularidades” en las elecciones del estado en las que perdió frente a Salvador Neme Castillo en 1988, y un año después, de las asambleas para la conformación del PRD local.

Es posible, dicen esas crónicas, que sin la firma de Payambé, Andrés Manuel no hubiera llegado a la Primera Magistratura. Lo real es que a partir de esa rúbrica la familia de los López Hernández (entre ellos, naturalmente, Adán Augusto) y la de Andrés Manuel crearon un fuerte vínculo.

Adán Augusto nació el 24 de septiembre de 1963. Hizo su primaria en el Instituto Luis Gil Pérez y la secundaria en la Federal Número Uno; el bachiller lo cursó en la preparatoria “Coronel Gregorio Méndez Magaña”, y los estudios superiores en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, donde se graduó como licenciado en Derecho. Muy joven, partió a París, Francia, para estudiar un postgrado en Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad parisina. Después se fue a Amsterdam, capital de los Países Bajos, donde tomó cursos en materias jurídicas.

De regreso a México, realizó un diplomado en materia de Derecho Notarial en la UNAM; se tituló como licenciado en Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas, donde, también, hizo estudios relacionados con la Historia y las Ciencias Políticas; se especializó en Derecho Constitucional, en la UNAM; obtuvo el Diplomado en Derecho Electoral en la Ibero; estudió Administración Municipal y sobre Participación Política-Electoral en el Tec. de Monterrey y en el Instituto Nacional de Administración Pública.

En esos años también le agarró gusto a la política, e inició su carrera dentro del PRI y hasta estuvo muy cerca de ser gobernador interino de Tabasco en 2000, año en el que coordinó la campaña para el gobierno estatal de Manuel Andrade, cuyas elecciones fueron impugnadas el 29 de diciembre de ese año, y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anuló la elección.

Ante la ausencia de mandatario electo, el Congreso local designó a Enrique Priego Oropeza como gobernador interino. Sin embargo, el PRD refutó la designación con el argumento de que no había falta de gobernador, ya que Roberto Madrazo aún se encontraba en funciones y que, en todo caso, debería ser la LVII Legislatura, quien seleccionara al mandamás interino.

Esto permitió que los legisladores del PRD, PAN, PT y PRI designaran a Adán Augusto –quien se desempeñaba como secretario general del PRI en Tabasco–, como gobernador interino, lo que desató un conflicto en la entidad, pues había dos gobernadores en funciones en un estado. Luego de negociaciones, los partidos pactaron realizar elecciones extraordinarias el 5 de agosto de 2001. Finalmente, el 11 de enero de 2001, Adán Augusto declinó y reconoció a Priego Oropeza como gobernador interino.

En la segunda elección, Andrade fue designado otra vez candidato para enfrentar a Raúl Ojeda, nominado por el PRD por segunda ocasión. El PAN escogió a Lucio Lastra Marín y Alianza Social, a Blanca Guerrero. Andrade ganó y Ojeda aceptó su derrota. Andrade rindió protesta el 1 de enero de 2002.

Desencantado por todo este lío partidista, Adán Augusto, de 38 años, renunció al PRI en 2001, para afiliarse al PRD, partido que un año antes había llevado a la jefatura de la Ciudad de México a su “amigo” López Obrador, quien veinte años después (siendo morenista), lo hizo soñar con la Presidencia de la República.

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