A VER LLORA – Previsión Social, ¿meta inalcanzable de los artistas mexicanos?

Construirla, parece una lucha perdida

El momentáneo éxito y la fama, lo mismo que la incertidumbre económica o el olvido, son parte de su existencia

Por: El Indio Dañero, por mal nombre Rodrigo Franco

La ausencia de previsión social, factor común entre los trabajadores de las actividades creativas, es poco menos que una utopía. A diferencia de otros creadores, los actores dependemos de la oferta y la demanda de contenidos para obtener remuneración; además, el envejecimiento de las obras realizadas disminuye su plusvalía. En algunos casos, trabajadores manuales, como los pintores-escultores, pueden revalorar sus obras sobre todo las plásticas, mientras que los actores, pasada la novedad de la ejecución, el tiempo disminuye su valía comercial por demanda o, simplemente, “pasan de moda”.

Construir la previsión social para los actores pareciera una lucha perdida, que incluso se desarrolla en dos planos: ser actor, es sinónimo de fama y fortuna, y, al mismo tiempo, la actuación es considerada una actividad de “ocio”, o “una actividad cultural sacrificable” para el Gobierno. Sin embargo, los actores no sólo son el grupo social más numeroso, sino que contribuye significativamente en hacer de la industria del entretenimiento, la cuarta actividad en importancia en sumar al Producto Interno Bruto (PIB).

¿Qué reciben los actores por su participación económica?

Para la opinión pública es habitual enterarse de casos de personas antes famosas, que son encontradas en condición de calle, aparentemente inexplicable para algunos: ¿cómo aquel asediado galán o deseada dama joven, ahora deambula por las calles rogando por una moneda? Si bien mucho se puede atribuir a inapropiadas decisiones de vida, también lo es por una falta de estructura, que permita a las actividades artísticas crear una verdadera industria autogestiva y auto sustentable, con claridad de rumbo y desarrollo para quienes en ella se desempeñen y para sus dependientes y herederos.

¿Con qué modelo de “seguridad social” cuentan los actores hoy en día?

La inestabilidad social y la incertidumbre económica parecieran estar ligadas al artista, lo mismo que el disfrute momentáneo del “éxito” y el inevitable olvido, como irremediable condena.

En el México post revolucionario, la integración de los diferentes sectores sociales en torno a un partido político único propició la fundación de una asociación de actores (la ANDA), cuya fortaleza radicó por su cercanía al poder y por ser un sindicato único, que redundó en una economía inmensa en las arcas sindicales, por varias décadas. No obstante, esa riqueza y fuerza sindical, se fueron desvaneciendo con los años, potencializada por una inherente visión elitista y clasista del propio gremio.

Ante la propia riqueza generada por los actores de la época, la ANDA, Asociación Nacional de Actores, prefirió disfrutar de asistencia social subrogada, la que sería y es subsidiada de manera tripartita, entre Gobierno, Patronal y trabajadores actores. Recursos que son administrados por los propios actores a través de su órgano directivo. Recursos que se convirtieron en la manzana de la discordia, la manzana envenenada, el botín. El móvil del crimen y la traición.

En la ANDA, el acceso a la salud no es para los actores “pobres” o “desconocidos”, sino para las “elites” y sus cuates.

A medida que el poderío sindical ha cedido frente al avance tecnológico, el sector patronal ha aumentado su dominio, de la mano de la corrupción y la falta de conciencia de clase de los “dirigentes” sindicales, muchos de ellos neófitos de la materia sindical, impactando de forma negativa en el volumen de las cuotas obrero-patronales. El empobrecimiento sindical día a día afecta a los socios de la ANDA, en particular a los menos famosos o con menor promedio de contratación, quienes, por sus bajos ingresos, deberían contar con mayor protección de su sindicato.

El acceso a salud y la tragedia de Sísifo

No es una mala metáfora la representación de este personaje griego, para ejemplificar lo complejo que es el acceso a la salud para los actores sindicalizados.

Primero, se deben cumplir 750 días de cotización para alcanzar la calidad de Socio Activo (en activo sería lo correcto), luego de alcanzar esta calidad deberá cumplirse un mínimo de cotización por año dividido en cuatro trimestres, sin fallar un sólo trimestre, sin importar si en la suma total del año se pueda superar el mínimo establecido. ¡Ah!, pero, si una enfermedad impide al socio trabajar y, en consecuencia, no cumple con el trimestre, la atención de Socio Activo, se suspende.

Para poder cubrir beneficiarios o dependientes de los actores inscritos en la ANDA, la situación es todavía más difícil, aunado al cumplimiento de lo anterior, los actores con derecho deberán cubrir una “cuota voluntaria” cada vez más alta; además, el “beneficiario” no deberá padecer enfermedades que requieran medicamentos que superen 50 mil pesos. Los actores y sus beneficiarios, no pueden padecer enfermedades crónico degenerativas, por ser costosa, salvo los socios que durante 25 años de manera ininterrumpida hayan cumplido con el requisito de sostenerse como socio activo “con todos sus derechos vigentes”, quienes alcanzan la calidad de “honorario”, pero su dependiente o beneficiario deberá cubrir “la cuota solidaria con carácter de voluntaria”.

En esta estatutaria forma de negar el acceso a la salud, la tragedia de Sísifo es más que apropiada para la gran mayoría de los actores sindicalizados, dada la intermitencia de las oportunidades de trabajo y la incapacidad de las dirigencias para regular las fuentes que le son naturales.

Esta inquebrantable barrera, tiene, por supuesto, para los inmorales e incompetentes “líderes” grandes ventajas. La mayoría de los actores difícilmente alcanza la calidad de Activo, por lo que las cuotas obrero patronales y las aportaciones comprometidas en los CC, jamás representan el mínimo beneficio para ellos. “Contribuyen y no nos cuestan”, dirían “los mala sombra”.

En estas condiciones, el CEN tiene la posibilidad de intercambiar favores médicos a socios que lo necesiten a cambio de su voto, y mantener a las elites del gremio de su lado y silentes, y con ello someter a una mayoría doblegada y sin derecho alguno.

En el ámbito nacional ha habido esfuerzos como el de la ex senadora, María Rojo, quien promovió en su momento la Ley de Previsión Social para los Artistas, que se quedó en los pasillos del Senado de la República por no plantear mecanismos de recuperación económica, ¿cómo contribuirían los actores a sus propias prestaciones sociales?

Esa es, precisamente, la columna vertebral de este aporte: Construir una estructura entre los agentes económicos que participan en el entretenimiento, que regule de manera progresiva los derechos económicos, laborales, sociales y obligaciones fiscales integrados en modelos de contratación auditable y fiscalizable.

El primer paso es que, los artistas terminemos por asumirnos como individuos de derecho… pero eso… eso es otra historia.

Los actores debemos estar conscientes que, ante la variabilidad de nuestra carrera, construir un proyecto sindical, no sólo es contar con un instrumento que administre el patrimonio social, es también una herramienta para conquistar cada vez mayores oportunidades de trabajo frente a una sociedad que, por las nuevas formas de comunicación y aparición de nuevos modos de realizar contenido, se han visto relegadas e invadidas por intrusos ocasionales, disminuyendo la participación de actores vocacionales.

Frente a esta realidad, debemos replantearnos si somos actores profesionales o simplemente observadores de una realidad, en la que se nos va el tiempo y la salud, la propia y la de nuestros familiares.

Nuestra profesión se desvanece y, quizá, es nuestra tercera llamada… ¿comenzamos?

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