Heridas emocionales de la infancia

Las máscaras que creamos como defensa.

Estos mecanismos actúan como corazas, para ocultar el dolor y evitar que la lesión original se reactive en la edad adulta.

Por: Verónica Lucía Nava Rubio

Desde que naces te desenvuelves en un mundo que no conoces, comienzas a interactuar con padres, tíos, tías, familia en general, amigos y otras personas. Al crecer, tus responsabilidades y obligaciones aumentan también: en el kínder, primaria, secundaria, preparatoria, universidad, posgrados; en el trabajo. Durante todo este proceso contaste con un superior: papá o mamá, maestro, jefe, cuidador que te dio aprendizaje (bueno o malo) y/o te causó heridas emocionales durante esa etapa de tu infancia.

Preguntas: ¿tuviste un crecimiento sano?, ¿cómo fueron tus experiencias con tus cuidadores?, ¿qué te han generado estas experiencias?, ¿cómo es tu comportamiento hoy?: ¿estás a la defensiva?, ¿eres una persona aislada, dependiente, perfeccionista?, ¿cómo te ves y cómo eres ya adulto?

La infancia, se subdivide en primera infancia (0-5/6 años) y niñez/segunda infancia (6-12 años), marcando un periodo fundamental de crecimiento físico y cognitivo (proceso evolutivo de las capacidades mentales, como la memoria, atención, lenguaje, percepción y solución de problemas).

Según estudios, en esta etapa del desarrollo humano, en particular la que abarca entre los 6 y doce años, lo que viviste te han dejado heridas emocionales causadas por experiencias dolorosas, principalmente las producidas por alguno de tus “cuidadores”.

Daños profundos que, inconscientemente, nos hacen generar máscaras o mecanismos de defensa, que actúan como corazas para ocultar el dolor y evitar que la herida original se reactive en la edad adulta. Es decir, creamos una forma para encubrir lo que vivimos, y el dolor que sentimos.

Estas heridas emocionales de la infancia o traumas tempranos que moldean la personalidad adulta, son por rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Quienes las tienen o padecen, son huidizos, dependientes, masoquistas, controladores y rígidos, respectivamente.

  • Rechazo: se da cuando de niño son excluidos, no se sienten amados o valorados. Genera baja autoestima, miedo intenso; le gusta la perfección, el aislamiento y cree que no tiene derecho a existir, busca aprobación. Su máscara: huidizo/retirada.
  • Abandono: es provocada por la falta de atención, cuidado o presencia de un cuidador; le genera miedo a estar solo, inmadurez, miedo a perder a alguien; hay dependencia toxica, tiene problemas para establecer vínculos seguros. Su máscara: dependiente.
  • Humillación: surge cuando de niño fue ridiculizado, avergonzado, menospreciado o invalidado por sus padres, maestros y cuidadores. Provoca baja autoestima, vergüenza y trata de complacer a otros, tiende a ponerse en último lugar. Su máscara: masoquista.
  • Traición: la crea las promesas incumplidas de sus padres o cuidadores; desde niño rompieron su confianza, lo manipularon y mintieron, generándole desconfianza hacia los demás y necesidad de control. Teme ser vulnerable, es impaciente. Su máscara: controlador.
  • Injusticia: nace por un entorno frio, autoritario y exigente. Sus necesidades emocionales de niño, no fueron atendidas y se valoró más el hacer que el ser. Esta herida, genera sentimientos de impotencia, perfeccionismo y rigidez; ve las cosas como injustas, es frío y hace uso de los sarcasmos; se resiste a pedir ayuda o aceptar regalos. Su máscara: rígido.

Como se puede apreciar, cada persona tiene una historia que contar diferente ante los demás. Quizá por ello, juzgas y lastimas sin percatarte que también tienes tu historia y tus propias heridas, y tal vez iguales a quien juzgas y lastimas. Es decir, nadie se salva de tener alguna de estas heridas, en mayor o menor grado.

¿Pensarías diferente, si conoces los antecedentes y cicatrices de las personas que están a tu alrededor?, ¿qué cambiarías de ti mismo?, ¿realmente eres un ser humano perfecto?


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