Una visita nada casual ni de cortesía

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La del encargado de Seguridad Nacional de Estados Unidos

Vino para aclarar que el desmantelamiento de las redes políticas y de complicidad con los narcos, para Trump, su jefe, son serias.

Por: Serapio

El secretario del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, encargado de proteger a su país de amenazas terroristas, llegó a México el 21 de mayo en tiempos extraños, porque a quienes luchan contra el narcotráfico o revelan la corrupción de algunos morenistas se les acusa de “traidores”, mientras que a los acusados por Washington de narcos se les defiende desde la cúpula del poder. Ante esto, la relación bilateral es crítica y tensa.

Mullin arribó tres meses después de ser nombrado para ese cargo, y a un año de que el presidente Trump designó (en enero de 2025) como “organizaciones terroristas extranjeras” a los cárteles de la droga mexicanos, por considerarlos una amenaza para la seguridad nacional de su país.

La visita del estadounidense, sin embargo, no fue de cortesía ni por casualidad (en política nada ocurre por casualidad, reza la máxima de ese ámbito). Llegó para aclarar que las demandas de Washington en contra del gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya y los otros nueve coacusados, son serias. Lo mismo que el desmantelamiento de las redes políticas y de complicidad con el narcotráfico.

A eso vino el secretario del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, no sólo a saludar a la jefa del Ejecutivo federal mexicano, que estuvo acompañada por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.

Se asegura, extraoficialmente, que la reunión presidencial se tensó ante la insistencia de la mandataria de negarse a entregar a las autoridades estadounidenses a Rocha Moya y a los otros políticos acusados de ser socios del Cártel de Sinaloa, en particular con la facción encabezada por los hijos de “El Chapo” Guzmán.

Pero más cuando el hombre del presidente Trump le informó que con ellos o sin ellos ya comenzó el juicio en su contra, por lo que demandó su extradición inmediata. Demanda a la que la jefa del Ejecutivo mexicano se negó, bajo el argumento de que serían juzgados en México, “si es que se encuentran pruebas en su contra” y dentro de “una cooperación basada en el respeto a la soberanía, la responsabilidad compartida y la coordinación bilateral”.

Ante esto, Mullin endureció su posición: le adelantó que seguirán las denuncias en contra de otros políticos y funcionarios mexicanos señalados de pertenecer al Cártel de Sinaloa, según publicó en Excélsior el periodista Jorge Fernández Menéndez.

Versión que la presidente descartó en su conferencia mañanera e, incluso, intentó minimizar y mofarse del trabajo periodístico: “quién en realidad es Meléndez; qué necesidad de estar inventando… primero no tiene mucha ética, y segundo no tiene qué platicar”.

Según Fernández Menéndez, entre los políticos y funcionarios que serán solicitados por Washington en los próximos días, están: los gobernadores de Tamaulipas, Sonora, Michoacán y la gobernadora de Baja California, Américo Villarreal Anaya, Alfonso Durazo Montaño, Alfredo Ramírez Bedolla, y Marina del Pilar Ávila, respectivamente, así como unos 50 funcionarios de esos estados cercanos.

Además, Mullin señaló que, en la medida en que no se avance en las detenciones, se irán tomando medidas contra éstos y otros personajes políticos mexicanos, “porque la lista es mucho más extensa”.

Ante la insistencia de Sheinbaum de que no habrá entregas, y el endurecimiento del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, trató de intervenir, “pero fue frenado por la propia Presidente, que le pidió que no interviniera, y concluyó en forma abrupta el encuentro”, publicó en Excélsior Fernández Menéndez.

El encuentro (desencuentro, mejor dicho) en Palacio Nacional, entre el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos y la presidente Sheinbaum (que Palacio Nacional calificó de “cordial y excelente”), para establecer una estrategia bilateral en materia de seguridad, combate al tráfico de armas y prevención de adicciones, manteniendo el respeto absoluto a la soberanía nacional, al parecer fracasó.

La relación bilateral con Estados Unidos, ahora, es más crítica y tensa.


Ningún Estado es totalmente independiente

Especialistas en la materia, dicen que precisar si puede haber soberanía cuando se depende de otro Estado es complejo y depende de cómo se defina “soberanía”.

En teoría, la soberanía implica que un Estado es supremo internamente y totalmente independiente externamente, sin someterse a otros. Sin embargo, la dependencia económica, financiera o militar puede limitar su capacidad para tomar decisiones autónomas, lo que en términos prácticos reduce su soberanía real.

Legalmente, bajo el derecho internacional y la Convención de Montevideo de 1933, un Estado puede ser soberano si tiene territorio, población y gobierno, incluso si su dependencia económica le resta autonomía política.

En el mundo actual, ningún Estado es totalmente independiente. La soberanía se ve a menudo limitada por tratados internacionales, organismos financieros o alianzas militares, lo que crea una soberanía compartida o limitada.

Cuando un país depende de la ayuda financiera, la deuda externa o la importación de productos básicos de otro país, su libertad de acción disminuye, lo que limita su capacidad para tomar decisiones soberanas.

La soberanía se describe tradicionalmente como inalienable y absoluta. Sin embargo, si existe una subordinación real a otro poder, la soberanía se ve comprometida. Formalmente puede mantenerse, pero la dependencia erosiona la capacidad real de autogobierno.


La relación bilateral que está en juego

México comparte con Estados Unidos 3 mil 145 kilómetros de frontera terrestre, 48 puertos de entrada, y una infraestructura que mueve 1.6 millones de cruces de camiones de carga al año. Ninguna otra relación comercial del mundo tiene esta densidad logística.

La relación comercial entre México y la Unión Americana alcanzó 840 mil millones de dólares en comercio bilateral durante 2025, lo que hizo a México su principal socio comercial por segundo año consecutivo.

El 40 por ciento de cada dólar que México exporta a Estados Unidos contiene insumos estadounidenses, la tasa más alta de cualquier socio comercial de Washington, de acuerdo con la US International Trade Commission.

Entender esto, es el punto de partida para cualquier conversación sobre el futuro de la relación bilateral. No es un comercio entre competidores, es un comercio entre coproductores.

Esta relación se concentra en cuatro sectores que explican más del 70 por ciento del comercio bilateral.

Un automóvil producido en América del Norte cruza la frontera México, Estados Unidos en promedio ocho veces durante su ensamblaje, según la Alianza Automotriz. Cada año México produce 3.7 millones de vehículos ligeros, de los cuales el 76 por ciento se exporta a Estados Unidos. A su vez, el 65 por ciento de las autopartes que México utiliza provienen de la Unión Americana.

El sector electrónico mueve 110 mil millones de dólares cada año. Tijuana concentra la mayor producción de televisores del mundo: 38 millones, el 70 por ciento de los vendidos en Estados Unidos. Ciudad Juárez produce dispositivos médicos para hospitales estadounidenses por 22 mil millones de dólares al año.

El sector aeroespacial exporta 11 mil millones de dólares desde México, con Querétaro, Chihuahua y Baja California como servidores principales.

El sector agroalimentario envía 45 mil millones de dólares a Estados Unidos. En contraparte, Estados Unidos exporta 30 mil millones a México, principalmente maíz, soya, carne y lácteos. Somos el primer comprador mundial de maíz estadounidense.

Cada dólar exportado por México a Estados Unidos genera aproximadamente 40 centavos de actividad económica dentro del territorio estadounidense, de acuerdo con el Wilson Center. Esto incluye empleos, insumos, servicios financieros y manufactura complementaria.

El comercio entre ambos países, sostiene alrededor de 4.9 millones de empleos estadounidenses, según la Cámara de Comercio norteamericana. Texas, California, Michigan, Illinois y Arizona son los estados más expuestos positivamente a esta integración.

La revisión del T-MEC programada para el próximo mes abre un espacio natural de conversación. El punto de encuentro parece estar en el reconocimiento compartido de que la integración existente es un activo que ambos países quieren preservar…, pero.

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