Los federales de la AIC, repudiados por sus desmanes

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Por los vecinos de las colonias México Nuevo y San Joaquín

Los delitos han aumentado y a sus agentes los acompañan “madrinas” que los fines de semana, intoxicados, balean las luminarias y las cámaras de vigilancia.

Por: Mario Hernández González

Cuando los panistas llegaron al poder y en noviembre de 2001 crearon la Agencia Federal de Investigación (AFI, dirigida por Genaro García Luna), con el propósito de desterrar los vicios de la Policía Judicial Federal (PJF), los vecinos de las colonias México Nuevo y San Joaquín (donde se levantó su sede) que se quejaban porque con su llegada los desmanes y actos delictivos se multiplicaron; hoy, 25 años después, sus quejas son las mismas, con la llegada de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), sustituta de la AFI y demás corporaciones que la suplieron:

–Que se vayan los desmadrosos de la AIC y sus “madrinas” (informantes o ayudantes no oficiales, algunos vinculados con criminales y abusos de poder).

–Con la llegada primero de la AFI y ahora la AIC es lo mismo, pero corregido y aumentado –secundan otros vecinos de esas colonias de la alcaldía Miguel Hidalgo, una de las 16 demarcaciones territoriales de la Ciudad de México (en la zona poniente de la capital) que alberga importantes centros financieros, culturales y residenciales de alta plusvalía, así como zonas populares.

García Luna fue el primer director de la AFI, cargo que ocupó de noviembre de 2001 a diciembre de 2005. Posteriormente, al asumir como secretario de Seguridad Pública en diciembre de 2006, la corporación fue reestructurada y pasó a la Policía Federal. Desapareció oficialmente en julio de 2012, cuando la Procuraduría General de la República (PGR) la disolvió para crear la Policía Federal Ministerial (PFM).

La Agencia de Investigación Criminal es un órgano desconcentrado de la Fiscalía General de la República (FGR) encargado de planear, coordinar y ejecutar acciones para combatir el delito mediante inteligencia y métodos científicos. Su titular es Héctor Elizalde Mora, colaborador cercano del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, con quien ha trabajado estrechamente en el ámbito de la inteligencia y la seguridad pública.

Si las señales de los vecinos de las colonias México Nuevo y San Joaquín (ubicadas en una zona de alta conectividad, delimitada por el Viaducto Río San Joaquín) son claras y permanentes, entonces el titular de la AIC, Elizalde Mora, se encuentra ante una exigencia ciudadana: mete en cintura a los malos elementos de la corporación o los quejosos pueden armarle un alboroto no por ineficiente, sino porque no hace caso a las denuncias ciudadanas ni sabe imponer orden en un organismo, creado para enfrentar los nuevos retos del país en materia de seguridad y procuración de justicia.

El perfil de algunos (no todos los federales son corruptos, desde luego) de estos policías encargados de brindar seguridad y tranquilidad a la ciudadanía fue elaborado desde los tiempos de la PGR priísta y luego durante el panismo de Fox, con García Luna como responsable de la AFI, nada menos que por la misma ciudadanía. Ahí revelan que estos malos agentes federales, sólo utilizan su posición para su propio servicio, mientras el hampa común y la delincuencia organizada crecen en todos los ámbitos, incluyendo la política y la pseudo empresarial.

El enojo de los vecinos quejosos estriba en que los actos delictivos en sus vecindarios, han aumentado en forma alarmante por la gran cantidad de los “madrinas”, también conocidos como “izquierdos” que acompañan a los agentes. Desde su llegada hay más robos, asaltos, actos de extorsión y secuestro en la alcaldía Miguel Hidalgo, donde es común ver vehículos de alta gama, con las placas tapadas con cinta gris o, de plano, sin las mismas.

Es decir, a estos “agentes de seguridad” no les importa el camino para obtener beneficios de grupo o personales; por eso, sin duda, la corrupción policiaca se convirtió en un problema en México.

Las quejas en tiempos de García Luna lo obligó a implementar una figura llamada “volanta“, que no era más que otros agentes que hacían tarea de vigilancia de sus propios compañeros que se habían (como lo hacen otros hoy) enseñoreado en esas colonias, donde los fines de semana se escuchan los balazos de alto calibre que disparan estos “servidores públicos“, embrutecidos por las bebidas alcohólicas o las drogas, para luego, balear las luminarias y cámaras de vigilancia.

Estos casos van a seguirse multiplicando si el abogado Elizalde Mora o, incluso, la Presidencia de la República no intervienen. Los vecinos de estas colonias hacen un llamado para que alguien ponga orden y evite una tragedia. Ahora falta ver si hay voluntad y espíritu de servicio.


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