Senado de la República, la cámara alta del Poder Legislativo
En una opereta bufa que prometía ser electrizante, “El Bravucón Fifí de Tepoztlán” y “El “Kid Sepulturero” de Campeche” se arañaron las medias y un camarógrafo se fue de nalgas
Por: Rafael Moctezuma G

Durante el año que estuvo al frente del Senado de la República (y desde cuatro décadas atrás), “El Bravucón Fifí de Tepoztlán”, nos regaló un show de insultos y amenazas dignos de los valentones de cantina.
En la tribuna del Congreso o las calles de los barrios bajos, su técnica consiste en una sarta de vulgaridades; las disertaciones de altura, las convirtió en un caldo de lodo y leperadas que provocan odios y simpatías por igual, y sus adversarios aprovechan para tildarlo de “demagogo”, “chupóptero” o “porro”, y él en respuesta, con señas obscenas, los tilda de “farsantes”, “traidores” y “vendepatrias”.

Con ese estilo impredecible y miserable ejecución, logró que hasta sus escasos seguidores se sonrojen, disimulen su contrariedad o de plano le dieran la espalda, al conocerlo –al paso de los años– en su justa dimensión.
Logró, también –al cierre de su “presidencia” en la cámara alta del Poder Legislativo, el último día del pasado mes de agosto– que su rival (y un grupo de congéneres que junto con él treparon a la tribuna camaral–, el aparentemente invencible “Kid Sepulturero de Campeche”, lo encarara. Tan cerca, que “El Bravucón Fifí de Tepoztlán”, olió su agrio tufo bucal.
Tan abruptamente lo retiró por la halitosis del dirigente partidista fanfarrón, que éste –sintiéndose rechazado–, enervado, lo siguió por todo la “sala-cuadrilátero”. Y cuando lo alcanzó, le propinó un soberano manazo-descontón, pero no la “madrina” callejera que sus también belicosos congéneres esperaban, a diferencia de otros “legisladores” que se entregan por completo al “arte rudo” de la política.
Memorable es mencionar también que antes de asestar el manazo-descontón en el mofletudo rostro de su contrincante, en su camino se interpuso el camarógrafo del “Bravucón Fifí”, quien, con toda su enclenque humanidad, por el tremendo empujón que le propinó “Kid Sepulturero”, cayó al suelo, con las tepalcuanas (nalgas) al viento.

El lastimoso espectáculo se escenificó en la vieja casona de Xicoténcatl, antigua sede del Senado de la República, convertida en “cuadrilátero” y su tribuna, desde hace algunos años, en triste plataforma para lanzar toda sarta de vulgaridades que, increíblemente, en ésta y en muchas otras ocasiones festejaron los asistentes, en particular los del “pueblo bueno y generoso”, que apoyaban al Bravucón Fifí.
–¡No estás solo!, ¡no estás solo! –coreaban a todo pulmón.
Al final, el respetable cantó un empate. Decisión que encabritó a los dos contendientes, quienes, antes de abandonar el “cuadrilátero” y abrirse paso entre los también embravecidos mirones, con miradas feroces, se mentaron la madre y, como plumas al viento, se lanzaron amenazas.
Al poco, “El Bravucón Fifí” y “Kid Sepulturero” dieron alimento a los chismosos de la tecla, con sus encontradas versiones de los hechos.
Después, para lamer sus heridas y chipotes, jalaron a su respectivo cantón: “El Bravucón”, a su humilde morada de Tepoztlán, y “Kid Sepulturero” a alguna de sus muchas “casitas”, pues si de algo presume es que sobra –desde que está en el “rudo arte” de la política, que ha utilizado para prácticamente acabar con el partido tricolor: el RIP–, es donde caerle.






