Cuando más poderosa e intocable se sentía
Tres años después, la Sedena, la Marina y el Gobierno federal siguen sin explicar qué sucedió
Por: José Luis García Cabrera

Cuando más poderosas e intocables se sentían las Fuerzas Armadas (Ejército, Fuerza Aérea y Marina) fueron exhibidas de descuidadas o, en el peor de los casos, indolentes en el control interno de sus redes: computadoras, correos electrónicos y teléfonos. Y algunos de sus miembros, de corruptos.
El mes entrante, en octubre, se cumplirán tres años de que sufrieron un ataque cibernético sin precedente: les hackearon millones de documentos que las mostraron vulnerables a este tipo de ataques.
Esta indolencia, las exhibió y desnudó por completo. Pero lo más grave: puso en entredicho su papel definido en la defensa nacional y en el apoyo a las autoridades civiles.
La información sustraída a la Secretaría de la Defensa Nacional, por la organización autodenominada “Guacamaya”, que a trozos comenzó a fluir desde el primer día de octubre de 2022, además de su vulnerabilidad, retrató la corrupción de algunos miembros del ente al cual el presidente López Obrador encargó la seguridad de todos los mexicanos.
Mostró también la relación ya no tan oculta que guardan con el crimen organizado gobernadores, exgobernadores, senadores, diputados, jueces, alcaldes, jefes policíacos y toda clase de funcionarios públicos en activo.
Hace tres años, los hackers que penetraron a los servidores de la Sedena obtuvieron informes de inteligencia, partes militares, tarjetas confidenciales, fotos, videos, redes de vínculos y contactos, bases de datos, archivos, conversaciones, contratos, planes y muchísima más información que pronto expusieron a la luz pública.
En esa información está lo que el Ejército conoce sobre los narcos, los nombres de los militares que participaban en operativos de alto impacto, su misión y cómo estaban desplegados en cada lugar, y hasta los horarios de sus operaciones.
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La irrupción a la información de la Sedena, se dio cuando López Obrador impulsaba entregar todas las tareas de seguridad pública a las Fuerzas Armadas; pero el hackeo las exhibió como incapaces de, al menos, cuidarse a ellas mismas. Sin embargo, frente a este estado de vulnerabilidad, primero no dijo nada. Luego, cuando lo hizo, no respondió con la seriedad de un jefe de Estado, sino con sus desplantes insensatos.
–Eeeeh, todo lo que se dice ahí es cierto –admitió. Para, de inmediato, calificar el hackeo como una “politiquería” de sus “adversarios”, porque su gobierno “no ocultaba nada”.
La exposición de la información “clasificada” de la Sedena, exhibió las múltiples fallas del aparato militar y echaron por tierra su “honestidad” y “eficiencia”, ante la indiferencia y el desprecio de su “comandante supremo”.
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En otoño de 2022, la ciudadanía se enteró que entre los documentos pirateados estaban los contratos de las obras emblemáticas del Gobierno federal; informes confidenciales de inteligencia, fichas de delincuentes, la agenda del titular de la Sedena, Cresencio Sandoval y hasta información de casos criminales en los que se ha visto involucrado el Ejército, como la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.
En por lo menos 200 mil correos electrónicos, que contienen información confidencial, carpetas de investigación, datos de aseguramientos, actas de recepción de armas, solicitudes de apoyo de otras dependencias, información enviada y recibida por las áreas de inteligencia o de reuniones con funcionarios de Estados Unidos, los mexicanos se enteraron del tráfico de armas desde el interior de campos militares; de la corrupción de la Sedena en la contratación de obras y servicios; de intervenciones telefónicas ilegales de las que el personal militar sabía pero disimulaba; lo mismo de homicidios, y no hizo nada para evitarlos.
Se enteraron de que la Sedena tenía información sobre posibles vínculos de políticos y funcionarios públicos con bandas de la delincuencia organizada y simulaba no saber nada; que muchas de sus herramientas de inteligencia eran inútiles, anacrónicas; que seguían objetivos más por inercia que por estrategia; que usaban metodologías de riesgo anticuadas.
Conocieron que los servicios médicos de la Sedena, estaban al servicio de la clase gobernante y demás políticos, y prácticamente vedados para la tropa y la población de a pie.
Aunque cada día aparecieron nuevas revelaciones que afectaban la reputación del Ejército, para su “comandante supremo” “no pasaba nada”, “forman parte de los inventos que se difunden para dañar al gobierno, son chismes, anécdotas, casos aislados”, sin asumir responsabilidad y ni siquiera insinuar cambios en la Sedena; menos ordenar una investigación a fondo sobre la filtración y las inquietantes revelaciones; o iniciar un proceso de reforma del aparato castrense.
Nada de eso sucedió y los informes de la Sedena y la Marina filtrados por el colectivo Guacamaya siguieron (siguen), sin respuesta ni explicación gubernamental.
AMLO, la Marina y el huachicol

Quizá la punta del iceberg más escandaloso del sexenio de Andrés Manuel López Obrador asomó en marzo pasado, tras el decomiso de diez millones de litros de diésel en el puerto de Tampico, Tamaulipas. Decomiso seis meses después llevaron a la detención de cinco marinos, tres empresarios y cinco ex funcionarios de Adunas, junto con el vicealmirante Roberto Farías Laguna, sobrino del ex secretario de Marina, Rafael Ojeda Durán. Fernando Farías Laguna, otro sobrino del almirante Ojeda Durán (al cierre de esta edición), estaba prófugo de la justicia.
Estos angelitos de la Marina, en al menos 30 buques cargados de combustible ilegal, permitieron el desembarco de millones de litros de diésel, entre abril de 2024 y marzo de 2025, con la complicidad del ex gerente de Administración y Finanzas de la Administración del Sistema Portuario Nacional de México en Tampico, Francisco Javier Antonio Martínez, como si fueran aditivos a fin de evadir el pago de impuestos y obtener ganancias multimillonarias. A Martínez se le vincula con la empresa Instanza, que importó desde Estados Unidos los diez millones de litros decomisados en marzo.
La propia empresa aseguró, en varios juicios de amparo, que habían sido 20 millones y no diez millones los litros asegurados. ¿Dónde quedaron esos otros diez millones? ¿AMLO y el ex secretario de Marina, el almirante Rafael Ojeda Durán, no sabían de tan gigantescos contrabandos?
“Ni guardia ni comisión que no te toque”
El “hermetismo militar” es la reserva, discreción y sigilo en la comunicación y la información dentro de las fuerzas armadas. Es la no divulgación de información sensible o estratégica a personas no autorizadas, incluso dentro de la propia institución castrense, donde su filosofía, no escrita, pero respetada, reza: “Ni guardia que no te den, ni comisión que no te toque”.
En palabras llanas: todo militar, del rango que sea, debe mantener en secreto operaciones, planes y detalles relevantes. Debe, asimismo, actuar con prudencia y sigilo, para evitar llamar la atención sobre las actividades militares.
En las fuerzas armadas, existe un control que establece mecanismos para proteger la información y prevenir su filtración a terceros.
Ningún militar puede andar de ofrecido, o, para justificarse, decir: “es que yo creí” o “es que yo pensé. En las fuerzas armadas nada de eso es válido. Esa falta al hermetismo militar, práctica fundamental para la seguridad y eficacia de las operaciones militares, que permite la protección de información vital y el mantenimiento de la disciplina y el orden dentro de la milicia, es severamente castigada.
Allí sólo se acatan las órdenes del mando superior.

En este contexto, el pasado 12 de julio la ciudadanía se enteró que el general de brigada, diplomado de Estado Mayor, Miguel Ángel López Martínez, comandante de la 30 Zona Militar, confirmó la existencia de una orden de aprehensión contra Hernán Bermúdez Requena, a quien el hoy coordinador de los senadores de Morena, Adán Augusto López Hernández, como gobernador lo nombró secretario de Seguridad de Tabasco, aun cuando inteligencia militar lo señalaba de encabezar al grupo de delincuentes conocido como “La Barredora”, dedicado a la extorsión, el huachicoleo, tráfico de personas y de drogas.
El general de brigada, de repente, recordó que, incluso, había orden de aprehensión en contra del ex jefe policiaco de Adán Augusto desde el pasado 14 de febrero, fecha en la que Bermúdez Requena abandonó el país con destino a Panamá.
En entrevista con el periodista Gabriel Aysa, de Radio Fórmula, hasta detalló cómo el ex policía, desde Mérida, Yucatán, huyó del país con rumbo a Panamá. Después voló (supuestamente) a Europa, por lo que la Interpol emitió una orden de arresto en su contra.






