Todas y todos podemos ser víctimas
Mediante el secuestro, la amenaza o la fuerza se abusa de mujeres, niños y hombres con numerosos propósitos, como el trabajo forzoso y la explotación sexual
Por: J. Cruz García Espinosa

Nunca se supo cómo Olivia, de catorce años, había llegado al burdel de Tijuana, cuando por su virginal belleza pudo haber tenido la vida resuelta para una viudez apacible. El primer síntoma de que aquello no sería posible, fue cuando “desapareció” de una populosa colonia de la Ciudad de México, mientras regresaba de la secundaria en la que estudiaba el segundo año. Desde entonces, sus cantos y gritos de terror arrullaron su infancia rota.
–Pagarán bien por ella –dijo uno de sus plagiarios.
–Si Dios le da vida y salud –murmuró otro de sus cómplices.
La noticia sobre la “desaparición” de Olivia llegó rápidamente al público y provocó alarma, pero sólo eso.
Aunque la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar este tipo de delitos entró en vigor en 2012, el Gobierno mexicano no cuenta con una política pública preventiva integral que aborde las causas estructurales de la trata; delito que la ONU tiene clasificado como la “esclavitud moderna” que no discrimina raza, edad, género o religión; etiqueta que, naturalmente, no expresa los horrores por los que pasan las víctimas.
En México, a la trata de personas se le sigue viendo como un acto criminal. No se ha profundizado sobre sus raíces sociales, económicas y culturales.
Cualquiera puede ser víctima”, sostiene la ONU cuyos informes revelan que alrededor de un millón de personas al año son vendidas como esclavas, para sólo generar dinero a sus “dueños”. Y como el dinero es su principal móvil, el número de quienes lo padecen va en aumento. Una adolescente puede generar entre 200 mil 300 mil dólares al año.
La pobreza y la falta de educación pueden ser factores que incrementan el riesgo de trata de humanos. Sin importar su edad, pueden ser niños, mujeres profesionistas o cualquier otra persona de grupos religiosos y étnicos.
Existe la creencia de que tráfico de humanos sólo se registra en ciudades y pueblos muy lejanos de Europa Oriental (en particular Rumania, considerado como centro mundial para la trata de personas), Camboya o algunas zonas selváticas de Brasil. Pero sucede también en el resto de Europa y Asia, así como en pequeñas ciudades y pueblos de muchas otras partes del planeta, como Estados Unidos y México (países donde aumenta el turismo sexual infantil).
Es decir, sucede en todo el mundo, y cada una de las víctimas, es una vida, es una persona que padece un crimen que “parece no disminuir”, dicen las diversas organizaciones antitrata, como la Unseen UK.

El Gobierno tiene plenamente identificados a Guerrero, Tlaxcala y Veracruz como los estados donde la trata de personas es un fenómeno muy prevalente. En 2025, las autoridades de Tlaxcala condenaron a 13 responsables de trata y Veracruz a nueve, mientras que las de Guerrero siguieron sin condenar a ningún responsable de trata.
En 2024, se identificaron a 860 víctimas, 343 de ellas con fines sexuales, 75 laborales y 442 para explotación no especificada. Esto significó un aumento con respecto a las 467 identificadas en 2023.
Aunque el gobierno no facilitó datos desglosados completos sobre quienes padecieron este delito: entre éstas 49 de origen extranjero, con fines sexuales, hubo al menos seis hombres, 162 mujeres, nueve niños y 112 niñas; con fines laborales hubo al menos 15 hombres, tres mujeres, 30 niños y 25 niñas; y de explotación no especificada había 117 hombres, 224 mujeres, 26 niños y 72 niñas.
Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los últimos seis meses de 2024 se registraron más delitos en contra de infantes y adolescencias que durante los mismos meses de 2023. Los estados en los que se han registrado más casos de entre 0 y 17 años, fueron Quintana Roo, 33; Ciudad de México, 27; y Chihuahua, 21. De los casos de 18 o más años reportados de enero a junio de 2024 se encontró que el 87.4 por ciento fueron mujeres.
En México, como se puede observar, los grupos considerados más vulnerables a este delito son las mujeres y niñas, así como los niños, personas indígenas, con discapacidades mentales y físicas, inmigrantes y personas LGBTI. Por ello, México ocupa el lugar 20 de 167 países en índices de esclavitud, donde la mayoría son mujeres y niñas.

México no cumple las normas mínimas contra trata de personas
Señala Estados Unidos:
Los traficantes de personas explotan a nacionales y extranjeros en México. Reclutan y utilizan a mujeres y niños y, en menor medida, a hombres con fines de explotación sexual mediante falsas promesas de empleo, relaciones románticas engañosas o extorsión. La mayoría de los casos se producen entre familiares, parejas íntimas, conocidos en las redes sociales o mediante estafas relacionadas con el empleo.
Existe una alta prevalencia de trata sexual infantil en Tlaxcala, donde los padres u otros miembros de la familia facilitan estos delitos. Redes familiares se dedican a captar y seducir a niñas de la comunidad o de otros estados, para luego usarlas mediante la trata con fines de explotación sexual en México o Estados Unidos. Reclutan cada vez más a través de Internet, incluyendo videojuegos, redes sociales, sitios web y aplicaciones de citas
Una ONG informó que, entre 2022 y 2024, más del 45 por ciento de las víctimas que llamaron a la línea directa contra la trata fueron reclutadas inicialmente a través de sitios web o redes sociales. Los traficantes utilizan imágenes explícitas de niños generadas por inteligencia artificial para coaccionar a los menores.
Datos oficiales indican que la explotación y el abuso sexual comercial extraterritorial de menores es frecuente, especialmente en las zonas turísticas y en las ciudades fronterizas del norte.
Explotan a adultos y niños en trabajos forzados en México y Estados Unidos en sectores como la agricultura, el servicio doméstico, el cuidado de niños, la pesca, el pastoreo de ganado, la manufactura, la minería, el procesamiento de alimentos, la construcción, el turismo, la mendicidad y la venta ambulante. También suelen explotar a los jornaleros y a sus hijos en trabajos forzados en el sector agrícola de México. La mayoría proceden de poblaciones económicamente vulnerables, y corren el riesgo de ser víctimas en las regiones agrícolas durante la cosecha de hortalizas, café, azúcar y tabaco.
Los “enganchadores” suelen emplear prácticas de reclutamiento engañosas y cobrar tarifas ilegales para colocar a los trabajadores agrícolas en México y Estados Unidos; a muchos les prometen un salario digno y un buen nivel de vida, pero posteriormente los obligan a realizar trabajos forzados mediante la servidumbre por deudas, amenazas de violencia y el impago de salarios.
La mayoría de los extranjeros “enganchados” en México proceden de Centro y Suramérica, en particular de El Salvador, Guatemala, Honduras y, últimamente, de Venezuela. A algunas de estas personas, los traficantes las explotaban a lo largo de la frontera sur de México.
Utilizan a niños y adultos en explotación sexual y la criminalidad forzada, incluyendo la producción, el cultivo, el transporte y la venta de drogas; la extorsión; el tráfico de armas; el tráfico de extranjeros; el robo; y el secuestro. Para ello, utilizan anuncios de empleo fraudulentos, manipulación económica o social, tortura, amenazas de muerte, chantaje, intimidación o secuestro para obligar o coaccionar a adultos y menores a participar en la trata con fines de explotación sexual y el trabajo forzoso, incluida la criminalidad forzada.
Utilizan, también, su dependencia de las drogas para coaccionarlas a participar en actividades delictivas.
Los menores que viven en territorios controlados por organizaciones delictivas corren un mayor riesgo de ser víctimas, ya que esos grupos aumentan su reclutamiento.
El Cártel Jalisco Nueva Generación, por ejemplo, opera estafas en línea desde centros de llamadas informales en el estado de Jalisco dirigidas a propietarios de tiempo compartido en Estados Unidos y Canadá; recluta a trabajadores con el falso pretexto de ofrecerles un trabajo legítimo y, posteriormente, los obliga a participar en actividades de estafa mediante amenazas y violencia, incluyendo desapariciones y asesinatos.
Los extranjeros –incluidos los menores no acompañados, los solicitantes de asilo o quienes intentan inmigrar ilegalmente a los Estados Unidos– son vulnerables a la trata con fines de explotación sexual y al trabajo forzoso. Éstos, que a menudo dependen de traficantes, corren un riesgo alto de explotación, ya que muchos contraen deudas para pagar a los traficantes y son explotados para “pagar” las demandas de rescate no satisfechas.
El conflicto armado entre el Cártel de Sinaloa y el CJNG en Chiapas ha desplazado a comunidades, lo que ha agravado aún más su vulnerabilidad a la trata, incluida la criminalidad forzada, ya que se enfrentan al riesgo de ser reclutadas por la fuerza por esos cárteles que buscan ampliar su control territorial.







