Algunos sin derechos y otros con ingresos insuficientes
Peor aún, la mayor parte de los puestos nuevos que se crean son informales, por lo que hay más empleados sin contrato fijo, aguinaldo o servicios de salud.
Por: Mario Hernández González

Aunque no es novedoso, el dato es preocupante y desolador: en 2026, la realidad laboral en México muestra una población ocupada de cerca de 60 millones de personas, pero con un grave problema de informalidad que afecta a más del 56 por ciento de los trabajadores.
En palabras llanas: el principal problema que atraviesa la clase trabajadora del país es la alta informalidad laboral, que afecta a más de la mitad de la población ocupada sin acceso a seguridad social ni prestaciones de ley.
Las frías estadísticas indican que más de 32 millones de personas trabajan sin contratos formales, seguro médico o guarderías. Están en la informalidad y precariedad.
Revelan, asimismo, que quienes lo hacen de manera formal, perciben salarios insuficientes, a pesar de los incrementos recientes al salario mínimo. Una gran parte de los trabajadores reciben ingresos que no cubren el costo de la canasta básica familiar.

Por otro lado, millones de personas en edad productiva, principalmente mujeres, están excluidas del mercado laboral formal debido a la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.
De la misma manera, a pesar de las reformas recientes en materia de derechos laborales, las condiciones estructurales y la desigualdad regional impiden que los empleados y empleadas y sus familias superen la pobreza laboral.
En esta realidad laboral en México, datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, revelan que la gente que trabaja en la informalidad no tiene ningún derecho, lo que significa que más de 34 millones de personas laboran sin contrato fijo, aguinaldo, servicios de salud ni ninguna otra prestación de trabajo.
Peor aún, indican que la mayor parte de los puestos nuevos que se crean son informales. Es decir, que día con día hay más trabajadores sin contrato fijo, aguinaldo o servicios de salud.
Y en la búsqueda de obtener recursos para llevar alimentos al hogar familiar, sólo el 45.9 por ciento de las mujeres tienen un empleo o buscan uno activamente. En los hombres, la participación laboral llega al 74.1 por ciento, lo que marca una gran brecha en el país.
Si se toma en cuenta que actualmente el salario base diario se proyecta en alrededor de los 315.04 pesos generales, el ingreso promedio se ubica en 70.26 pesos por hora trabajada, según la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

La canasta básica en México cuesta alrededor de 2 mil 128 pesos según el reporte de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), mientras que el costo por persona de la línea de pobreza por ingresos alcanza los 4 mil 884 pesos mensuales en zonas urbanas de acuerdo con México ¿cómo vamos?.
Durante agosto de 2026, la ANPEC registró la canasta de 44 productos en 2 mil 128.84 pesos; la Profeco, por su parte, un paquete básico menor (24 productos) que oscila entre los 776 y 949 pesos en supermercados.
En este contexto, la línea de pobreza urbana, se ubica en 4 mil 884.09 pesos mensuales por individuo (incluyendo bienes no alimentarios).
En síntesis, la situación actual de la clase trabajadora está diezmada, sumado a la ausencia marcada de movimientos de masas, de obreros y campesinos. Existe desorganización, fragmentación, reflujo y un neocorporativismo, alejado del sindicalismo revolucionario.
Al igual que en los otros sectores, en los sindicatos mexicanos existe un abandono en la formación política de las nuevas generaciones de trabajadores. Por ello, con autocrítica se debe revisar el escaso avance que ha tenido en las últimas décadas, en cuanto a sus objetivos estratégicos: democratizarlo, y crear un plan táctico y método de lucha.








