La CTM coquetea a la 4T

Mientras el PRI, su principal aliado, sigue en el hoyo

Por: Mario Hernández González

“A Morena no le interesan líderes sindicales como intermediarios, porque tiene la Secretaría del Bienestar”. Pablo Franco Hernández, especialista en materia laboral.

El término “charro sindical” en México hace referencia a líderes sindicales corruptos que, aliados al Gobierno y a los empresarios, se han enriquecido. Abandonaron las luchas obreras y, en cambio, emplean los sindicatos para adquirir poder y beneficios personales.

El sindicalismo mexicano nació en las luchas de los trabajadores mineros y textiles de Cananea y Río Blanco, a principios del siglo pasado. Pero, con el paso del tiempo, el movimiento obrero en México fue penetrado por la corrupción y se alió con el Estado, dando lugar a la figura del “charro sindical”.

En el pasado, un caso emblemático de este tipo de “líderes” lo fue el priísta Fidel Velázquez, quien lideró la Confederación de Trabajadores de México (CTM) durante más de medio siglo; posición que (como miembro del PRI) utilizó para alcanzar poder político (fue senador en dos ocasiones) y enriquecerse a costa de los trabajadores.

Hoy en día, sin embargo, el sindicalismo mexicano sigue en las mismas: enfrenta problemas de corrupción y la mayoría de sus dirigentes son perpetuos “líderes charros” en puestos de poder. Por ejemplo, el diputado morenista multimillonario, Pedro Haces Barba, secretario general de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM); posición que como miembro de Morena ha utilizado para alcanzar poder político, impulsado, en parte, por Ricardo Monreal Ávila, coordinador de los legisladores de Morena en San Lázaro.

Durante el longevo liderazgo de Fidel Velázquez, la CTM tuvo una participación significativa en cargos de elección popular y administrativos a nivel federal y estatal. Algunos líderes cetemistas también ocuparon puestos en el Poder Ejecutivo federal y en estructuras del PRI. Se dice que Velázquez gobernó México de manera autoritaria desde 1941 hasta su fallecimiento, 1997, a través de la CTM priísta.

El poderío de la CTM, y del mismo PRI, no obstante, comenzó a declinar después de que falleció Velázquez. La primera evidencia se manifestó durante las elecciones presidenciales del 2000, en las que el PAN lo sacó de Los Pinos, después de setenta y un años de mantener el poder federal. Esa derrota afectó también a los sindicatos obreros priístas, que habían sido su maquinaria y sostén electoral.

Venida a menos, hasta quien fue su líder nacional durante los últimos diez años, Carlos Aceves del Olmo, decidió abandonar el barco de la CTM, al anunciar que no se reelegiría (el pasado 23 de febrero), por “recomendaciones médicas”. Cosa extrañísima en esa central obrera en la que todos los sucesores de Velázquez, dejaron el cargo hasta su último aliento de vida. Del Olmo asumió en enero de 2016, al morir Joaquín Gamboa Pascoe. Gamboa estuvo al frente desde 2005, después de la muerte de Leonardo Rodríguez Alcaine, quien relevó Velázquez en 1997.  

Ante esto, y el hundimiento sistemático del PRI (en la actual legislatura apenas logró 13 curules en el Senado y 37 en la Cámara de Diputados, pero ninguna de éstas fue para los líderes de las tres centrales obreras que siempre le acompañaron: CTM, CROM y CROC), Tereso Medina Ramírez, el nuevo líder nacional de la CTM y no pocos dirigentes de otras centrales obreras, buscan arroparse en Morena.

Fin del corporativismo sindical

Ante la no reelección voluntaria de Carlos Aceves del Olmo, la CTM eligió a Tereso Medina Ramírez, el lunes 23 de febrero, como su nuevo dirigente, quien, más pronto que nunca, anunció un acuerdo “de colaboración institucional” con todos los gobiernos, en particular, dijo, “con el de la presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, porque nos anima a construir un mejor México”.

–Con esto –diría más tarde en una entrevista–, “el corporativismo terminó su ciclo”.

Para abundar sobre este tema, Proyecto Vanguardia buscó la opinión del abogado especializado en asuntos laborales, Pablo Franco Hernández, quien de entrada explicó que el corporativismo fue un sistema de control estatal donde los sindicatos, particularmente la CTM, funcionaban como pilares del PRI, subordinando derechos laborales a políticas gubernamentales, a cambio de beneficios para sus dirigentes.

“Esta estructura, consolidada durante el siglo XX, favoreció prácticas antidemocráticas y clientelismo, pues en lugar de enfocarse en ampliar los derechos laborales, amortigua conflictos y frena huelgas y aún más: asegura votos al partido en el poder”.

Conocedor de las entrañas del sindicalismo en México, el especialista, exsecretario General de Asuntos Colectivos de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México, opina sobre el acuerdo “de colaboración institucional” ofreció –o ya hizo– el nuevo dirigente nacional de la CTM, con la presidenta Claudia Sheinbaum.

“A la 4T no le interesan líderes sindicales como intermediarios, para asegurar votos al partido en el poder, porque –para ello– tiene toda la estructura de la Secretaría del Bienestar”, cuyos programas sociales llegan hoy directamente a los hogares.

Es tan evidente esa falta de interés de la 4T, que la relación de los líderes de los sindicatos priístas con la cúpula priísta (hoy encabezada por Tereso Medina) “cada vez es menor, no les importa. Por el contrario, buscan acomodarse en la 4T”, abunda.

La gradual debacle del PRI fue advertida desde los tiempos del PRD, época en la que no pocos priístas y dirigente cetemistas se acercaban al partido del Sol, para preguntar cómo le hacían para pasarse afiliarse al PRD.

Habían pasado los tiempos en los que el PRI tenía dirigentes sindicales en todo el aparato estatal, incluso ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), como Juan Moisés Calleja García, quien, como cetemista, era asesor del SNTE, del sindicato de electricistas y otros más.

Pero el modelo neoliberal que los gobiernos priístas impulsaron, se volvió en su contra y en la de sus sindicatos, que le ayudaron a mantener una falsa paz laboral. Los grandes sindicatos, de estar alineados al Gobierno, se convirtieron en “aliados de la empresa”, y eso ahora lo están pagando, apunta Franco Hernández.

El nuevo dirigente de la CTM, Tereso Medina, asegura que esa central agrupa a “casi 3 millones de trabajadores”. Cifra que, de ser cierta, la mantiene como la organización obrera más fuerte de México, puesto que un padrón de esa magnitud puede tener no poca influencia electoral o la capacidad de presión colectiva en coyunturas específicas.

Sin embargo, es muy complicado demostrar y corroborar esa cantidad de cetemistas, entre otras cosas porque el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral no pregunta a los sindicatos el número de afiliados. Por otra parte, los padrones de sus agremiados están desactualizados.

Como es sabido, la reforma laboral de 2019 y el T-MEC pusieron reglas de transparencia y democratización sindical. Lo que, naturalmente, no gustó a los sindicatos más grandes y tradicionales de la CTM, la CROC y demás. Incluso la CTM interpuso 400 solicitudes de amparo contra la reforma laboral.

Tereso Medina, incluso, perdió la titularidad de uno los contratos colectivos de trabajo con esas nuevas normas. Negociaba las condiciones laborales en la planta de General Motors en Silao, Guanajuato. Pero las trabajadoras y trabajadores no lo ratificaron para que siguiera hablando por ellas. En su lugar, crearon el Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA).

La CTM estuvo ausente la revisión del T-MEC bajo el liderazgo de Carlos Aceves del Olmo. Su sucesor, Tereso Medina, plantea la creación de un consejo plural para reexaminar el tratado comercial. “Velemos por lo que nos toca, la redistribución de los empleos de cada país con justicia social y laboral”, ha dicho.

La defensa “real y férrea de la soberanía nacional” es otro tema donde dice que hay que apoyar a la presidenta Sheinbaum. “(…) dejemos a un lado los intereses sectoriales, partidistas, de grupo o personales y le demos entrada a los intereses superiores de la nación, porque a todos nos conviene construir un mejor México”.

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