De Politiquería y otras Tiznaderas
La Ley de Murphy, en el discurso presidencial
Los Adán Augusto, los Monreal, los Haces Barba, los López Beltrán, los Fernández Noroña, los Delgado, los Rocha Moya, los Américo Villarreal y los almirantes del huachicol, de plácemes. Nada contra ellos
Por: Yomerito



La Ley de Murphy se utiliza para anticipar que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. En el ámbito político, aunque no es una ley científica, sirve para avizorar problemas y prepararse para sus consecuencias, en especial después de escuchar el discurso que la presidenta Claudia Sheinbaum pronunció, el domingo 5 de octubre en el Zócalo capitalino, para celebrar su primer año de gobierno.
El pasado 5 de octubre será recordado como el día que no se aprovechó para marcar el cambio de ritmo y de rumbo del aparato gubernamental. Desde la Presidencia se tomó la decisión de no corregir lo que el grupo encabezado por López Obrador hizo y deshizo (porque según ellos todo iba “mal”), para enfatizar el poder del tabasqueño, pero también para cancelar la visión de futuro.
No se tocaron asuntos que significaban el punto de inflexión del nuevo Gobierno federal. No hubo resistencia.
El nuevo Gobierno federal públicamente aceptó continuar la destrucción heredada. De manera que “si algo puede salir mal, saldrá mal”, pero ahora con consecuencias más severas.
Los Adán Augusto, los Monreal, los Haces Barba, los López Beltrán, los Gertz Manero, los Fernández Noroña, los Delgado, los Rocha Moya, los Américo Villarreal, los Cuitláhuac García, los Félix Salgado, los Zaldívar, los Cuauhtémoc Blanco, los Mollinedo, los Gutiérrez Luna, los Ojeda y los otros almirantes del huachicol, de plácemes. Nada contra ellos.
Frente a la desolación por la falta de crecimiento económico, seguridad pública, salud, educación, obras del sector público, inversiones, vivienda, empleos bien remunerados, de justicia y por la corrupción de algunos operadores políticos de la llamada “Cuarta Transformación”, se decidió por continuar la destrucción de la legalidad en México.
Por aun –si esto puede ser posible– con la reforma a la Ley de Amparo, ya no hay defensa legal para el ciudadano de a pie, ante el poder del grupo gobernante.
Aun cuando nunca hemos vivido en un Estado de derecho, propiamente hablando, se destruyó al Poder Judicial y se reemplazó con “jueces” electos mediante un proceso amañado, y, por ende, ilegítimo.



Quizá algunos de los “jueces” tengan un poco de conocimiento de su cargo, pero sobran quienes llegaron para decidir sobre temas que desconocen, sin idea de los procedimientos, e incluso, de las leyes sobre las que tendrán que basar su decisión.
Con Lenia Batres, las sesiones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación son de pena ajena, para ponerse a llorar, por ejemplo.
Para la mayoría de los mexicanos la ley jamás ha sido la base sobre la funcionan. Y como el formalismo es un deporte que todos jugamos, sin ton ni son se redacta o reforma la Constitución, acorde a los intereses o intenciones de la clase gobernante en turno, aunque lo de cumplirla no se les da ni a los “reformadores”.
Más que por las normas, en México la convivencia se rige por tradiciones y costumbres. Sólo cuando éstas se rompen es cuando se recurre a las leyes y a las autoridades que las deben hacer cumplir.
Sin embargo, esas autoridades no gozan del respeto de la ciudadanía. Pero ni éstas tienen tampoco mucho interés en aplicar la ley. Además, otra buena parte de la ciudadanía, se rige por el soborno o la “mordida”, acorde a la máxima de que “más vale un mal arreglo que un buen pleito”.
Todo esto, sin duda, ha coadyuvado a tener el país que hoy tenemos: sin orden y “gobernado” por grupos y políticos dedicados al saqueo y la corrupción, de la mano de pandilleros del crimen organizado que en los últimos años se ha adueñado de buena parte del territorio nacional.
Parte de esta desgracia y de la destrucción del país, tampoco hay que dudarlo, es obra del grupo político que está en el poder, que cree podrá perpetuarse para continuar el saqueo y la corrupción, la más escandalosa de la vida nacional.
Los que vienen, pues, serán años más difíciles.









