Los primeros socios de los hijos de AMLO

Alejandro y José Carlos Romero Durán, vástagos del ex líder petrolero, Romero Deschamps

“Ay, Dios del cielo”, dijeron los Romero Durán cuando escucharon el “empuje” que les exigieron los hijos del Presidente, para “arrancar” como “empresarios”

Por: José Luis García Cabrera

Ciudad de México, diciembre de 2018

Cuando José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso aparecieron en el discreto restaurante, ya entrada la noche, los hermanos Alejandro y José Carlos Romero Durán al verlos se sorprendieron y de manera peyorativa, comentaron sobre su físico y cómo se veían enfundados en sus modestas y casuales vestimentas.

Los Romero Durán, eran hijos de Carlos Romero Deschamps, líder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, STPRM, por más de dos décadas. Esa noche vestían finas y caras prendas, aunque informales.

Hasta entonces, los hijos de Andrés Manuel López Obrador, aunque habían concluido estudios profesionales, no trabajaban. José Ramón tenía treinta y siete años, Andrés Manuel junior, treinta y dos, y Gonzalo Alonso, veintiséis.

–¡Quién pensaría que esos son los hijos del Presidente! –murmuró José Carlos, de cincuenta años y primogénito de Romero Deschamps.

Su hermano Alejandro, de cuarenta y ocho años, escudriñó a los López Beltrán mientras se acercaban a su mesa, y en un susurro similar al de José Carlos, hizo suyos los comentarios indignos de su hermano mayor y agregó:

–No estoy muy seguro para qué “esos tres” quieren vernos.

 –¿Entonces no sabes de qué se trata? –preguntó con inquietud José Carlos.

–No, pero tengo una idea: quieren dejar de ser pobretones, quieren aprovechar que su papá es Presidente. Aunque se ven amigables y hasta inofensivos.

Se pusieron de pie y adelantaron la mano cuando los López Beltrán llegaron hasta su mesa. Los cinco se la estrecharon con un “Un gusto saludarlos”. José Ramón, mientras se sentaban, sonriendo dijo a sus hermanos, mitad en broma, mitad en serio:

–No me digan que ustedes son de quienes tanto hablan los periódicos.

–Son los hijos de don Carlos. Tan famosos como su papá –le secundó con sarcasmo Andrés Manuel junior.

Los Romero Durán, naturalmente, se sintieron un poco molestos, pero fingieron no darles importancia a los comentarios. Les parecían pueriles y fuera de lugar.

Gonzalo Alfonso, el más joven de los tres hijos del Presidente, realmente parecía estar interesado en seguir el asunto.

–La de ustedes dos, como la de Paulina, su hermana, debe de ser una historia muy interesante –agregó.

Alejandro hizo un gesto negativo con la cabeza, y decidió cortar el asunto por lo sano.

–Cuando mi papá nos dijo a José Carlos y a mí que debíamos platicar con ustedes, no lo dudamos dos veces –dijo Alejandro–. Tratamos de contactarlos, pero su gente nos dijo que estaban muy ocupados. Comprendimos que como en días tomaría posesión el licenciado López Obrador, su papá, ese era el motivo.

Mientras José Carlos llenaba las copas con el dorado vino de la botella que un mesero previamente había depositado sobre la mesa, dijo jovialmente:

–Bueno, lo importante es que ya estamos aquí. Me cuesta trabajo creer que mi hermano y yo estemos reunidos con ustedes. Son los hijos del señor Presidente, y poderosos, ¿no es cierto?

Al asumir su padre la Presidencia (apenas unos cuantos días antes), los López Beltrán adquirieron una presencia enorme. Empezaron a cambiar como los actores que en escena engolan la voz y exageran el perfil; y comenzaron a preguntarse cómo realizarían sus sueños, si ya tenían cuarteadas las bolsas del pantalón de tanto hurgar en sus abismos.

Sus apuros económicos comenzaron el mismo día que nacieron. Allí está su mamá Rocío Beltrán Medina en la cama, agitándose y jadeando con los dolores del lupus. Allí está Beatriz Gutiérrez Müller, con quien su padre casó en 2006 tres años después de su madre falleció, cuando consolidaba su carrera política con el PRD que lo llevó al Gobierno de la Ciudad de México. Es 2018 y ahora es Presidente y ellos confían que los Romero Durán “suelten”, para, como hijos del Presidente de México, alcanzar la riqueza y la “buena vida” que da el poder.

Durante los casi 24 años que duró el matrimonio López-Beltrán, José Ramón y Andrés Manuel junior, chiquillos aun, lo acompañaron en sus primeras etapas de su carrera: cuando intentó ser gobernador de Tabasco con el PRD, en 1988 y 1994. Para 1996, la familia (ya incluido Gonzalo, de apenas dos años) se mudó a la Ciudad de México donde su padre dirigía el PRD, que pasaba por su mejor momento, pero ellos siguieron igual de pobretones.

Si no se daban prisa con los hijos del dirigente petrolero, no dejarían la inopia, y ¿de qué les serviría entonces tener papá Presidente? Dejaron la decencia de lado. ¿Qué puede hacer un Presidente por sus hijos en unos momentos como éstos, aunque se diga impoluto?

–No somos ricos –dijo José Ramón, en tono que intentó sonara despreocupado–. Tienes razón, somos los hijos del Presidente, pero no por eso poderosos. Aunque no te culpo por creerlo, como todo mundo…

José Carlos, con un gesto de sus manos, lo interrumpió no exento de intención:

–Vamos amigos, no se preocupen. Entre personas razonables, los problemas siempre tienen solución… Hagan el favor de empujar, ¿quieren? Empujen.

Los López Beltrán no creían que hubiera alguien que pudiera sacarlos de pobretones. Pero su padre, ahora Presidente, era un hombre que nunca les había fallado; si les había pedido que hablaran con los hijos del líder petrolero, era por algo.

Cuando José Carlos les pidió “empujar”, apareció la cabeza de voracidad, sólo la cabeza, de los López Beltrán, y entonces en aquella madrugada hay una explosión de pedimentos, que a los oídos de los hijos del líder petrolero más bien suenan a amenazas.

Cuando López Obrador llegó a la Presidencia, ese diciembre de 2018, la Fiscalía General de la República tenía abiertas doce indagatorias contra Romero Deschamps, pero ninguna había llegado ante el juez por los delitos de fraude, enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, pero las acusaciones el “insobornable” fiscal Alejandro Gertz Manero, prácticamente las tenía en el archivo del olvido. Pero los López Beltrán las sacaron a colación.

–Pueden empezar por considerarnos sus amigos –dijo, nerviosamente, el aludido. Hizo una pausa, y luego agregó–: Será un honor que nos tengan entre sus amigos, ¿verdad Alejandro?

–Desde luego –contestó, sonriendo, Alejandro Romero Durán, para preguntar y agregar, con cinismo–: ¿Vale la pena recordar señalamientos sin sustento? Sólo díganos qué necesitan…, para comenzar.

–Ay, Dios del cielo –dicen que dijeron los Romero Durán cuando escucharon el “empuja” solicitado por José Carlos.

Los López Beltrán querían, para “arrancar” una buena tajada de su tesoro y los Romero Durán tuvieron que ceder: primero su departamento de lujo y el yate (“El indomable”) ubicados en Cancún, con valor de 2.5 millones de dólares. El yate, de 5 millones de dólares, estaba anclado en la Laguna Nichupté. Se comprometieron a entregarles su Jet Hawker, al igual que 25 millones de dólares, pero la cantidad subió a 38 millones, cuando los Romero Durán pidieron que la inmunidad se extendiera para toda su familia. Entre otras “nimiedades”, también les “regalarían” una colección de finos y caros relojes premium Rolex, Patek Phillippe, Luis Moinet, Breguet y otras caras marcas‎ exóticas.

No lo pudimos averiguar con exactitud qué tanto de esas exigencias fueron cumplidas a cabalidad por los Romero Durán. El hecho es que, antes de que sus apellidos fueran ligados con los del empresario tabasqueño, Jorge Amílcar Olán, señalado en actos de corrupción como contratista de Pemex, del sector Salud, del Tren Maya y de la refinería Dos Bocas, los hijos del Presidente comenzaron a ser “empresarios”.

Hoy poseen una moderna fábrica de chocolates, una destiladora y embotelladora de cerveza, un terreno de dos hectáreas en una de las islas del Caribe, y sabrá Dios quién sabe cuántos otros bienes e inmuebles, vehículos y cuentas bancarias más.

La población que no forma parte de la clase política y de condición modesta, desconocía cómo los López Beltrán, sin trabajar podían darse ese estilo de vida, muy distinto a la austeridad que pregonaba su papá desde que asumió la Presidencia en diciembre de 2018:

–No al lujo. Si ya tenemos zapatos, ¿para qué más? (…) Si se puede tener un vehículo modesto para el traslado, ¿por qué el lujo? –decía en mayo de 2020.

Nota del autor:

De esta reunión nos enteramos por la columna Punto Crítico del periodista Vladimir Galeana Solórzano, que el 18 de febrero de 2022 tituló “Encuentros secretos”. El columnista acepta que la información a él se la hicieron llegar y fue escrita, por la periodista Elena Maldonado el 13 de diciembre de 2018, quien relata que cuando Andrés Manuel llegó al poder, sus hijos mayores, a quienes llama ‘Trivagos’, “se convirtieron en parte de la negociación que se realizaría en una de las áreas más sensibles del país: la petrolera Pemex”.

Empujado por el gobierno de Andrés Manuel, el 16 de octubre de 2019 Deschamps se despidió como líder del sindicato petrolero. Se le abrieron doce carpetas de investigación en diciembre de 2018, en su mayoría por delitos de enriquecimiento ilícito. Los veintiséis años al frente del STPRM habían sido de muchas tensiones y no pocos sobresaltos, pero se sentía satisfecho. Su familia podría seguir su vida de lujos y extravagancias; sus hijos eran “amigos” de los hijos del Presidente y, por ende, de la familia presidencial. Por lo que él no sería molestado y conservaría casi intacta su fortuna.

De las doce carpetas de investigación abiertas, la FGR determinó en cuatro el no ejercicio penal, en tres se declaró incompetente; otra la remitió a un juez del fuero común, en otra determinó “con abstención de la investigación”, otra “en reserva”. Durante las “investigaciones”, aunque no era necesario, Deschamps, su esposa Blanca Rosas y su hija Paulina presentaron, por separado, amparos contra órdenes de aprehensión o el congelamiento de sus cuentas. En diciembre de 2020, la FGR indicó que sólo quedaban tres carpetas “en trámite”. Al final no procedieron, porque así lo determinó Gertz Manero.

Empujado por el gobierno de Andrés Manuel, el 16 de octubre de 2019 Deschamps se despidió como líder del sindicato petrolero. Se le abrieron doce carpetas de investigación en diciembre de 2018, en su mayoría por delitos de enriquecimiento ilícito. Los veintiséis años al frente del STPRM habían sido de muchas tensiones y no pocos sobresaltos, pero se sentía satisfecho. Su familia podría seguir su vida de lujos y extravagancias; sus hijos eran “amigos” de los hijos del Presidente y, por ende, de la familia presidencial. Por lo que él no sería molestado y conservaría casi intacta su fortuna.

De las doce carpetas de investigación abiertas, la FGR determinó en cuatro el no ejercicio penal, en tres se declaró incompetente; otra la remitió a un juez del fuero común, en otra determinó “con abstención de la investigación”, otra “en reserva”. Durante las “investigaciones”, aunque no era necesario, Deschamps, su esposa Blanca Rosas y su hija Paulina presentaron, por separado, amparos contra órdenes de aprehensión o el congelamiento de sus cuentas. En diciembre de 2020, la FGR indicó que sólo quedaban tres carpetas “en trámite”. Al final no procedieron, porque así lo determinó Gertz Manero.

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