¿El pilar “ético” de Morena?
Este comportamiento del partido en el poder, es lo que más daño causa a la confianza y los valores, normas e instituciones que unen al país.
Por: Manuel Muñiz

En estos tiempos, hacer una película de Morena y sus aliados podría hacer millonario al productor, sin tener que mentir, robar y traicionar.
Bastaría buscar un buen título que hable del engaño del siglo: “Morena, el poder que enloquece y envilece”, por ejemplo. De inmediato, sin embargo, el espectador se daría cuenta que la trama es sobre el ex presidente López Obrador y su gavilla de delincuentes. Por lo tanto, para que no fuera un tema del pasado, sino muy de la actualidad nacional, habría que publicitar que se trata de “la mafia del poder”, en la que aparecería la señora de “la colita falsa”, por ser “alaciada”, cuando tendría que ser china, chinita de “borreguita”.
Si el poder, desde los tiempos más remotos ha enloquecido a los tiranos, ha derramado ríos de sangre y está vinculado a la mentira, la traición y el robo; porque, ¿para qué pretender el poder, si no es para enriquecerse? ¿Pero cómo enriquecerse sin mentir, sin decir que traes 200 pesos en la bolsa, cuando cientos y miles de millones de pesos y dólares fluyen a su familia y cercanos “colaboladrones”?
En México, y en otras latitudes del mundo, el objetivo de quien posee el poder ha sido, y al parecer seguirá siéndolo, enriquecerse impunemente. Sin poder no se puede robar impunemente, ¡caramba! Pero para robar, saquear como lo hacen hoy por hoy, se necesita mentir y, al hacerlo, traicionar la confianza que millones de mexicanos, que deseaban mejor vida y futuro para su familia, para sus hijos; que esperaban hospitales (con medicamentos y especialistas suficientes), como en Dinamarca; mejores escuelas, mejores alimentos; gasolina a 10 pesos.
No obstante, todo fue engaño tras engaño, al igual que el anzuelo de los “apoyos” a madres, adultos mayores y a ninis.
Roban, aunque cada día haya derramamiento de sangre y miles de desaparecidos. Y esos ladrones, de manera indolente, sin importar si en ello va de por medio la dignidad, ¿cuál dignidad?, si se han vuelto desvergonzados, cínicos y sin escrúpulos que se protegen entre ellos, a sabiendas que no habrá consecuencia o castigo, claro, pues para eso son la “autoridá”, como decía Luis Pérez Meza, en la canción La Anselma.
A esos hombres y mujeres, el elixir del poder los enloqueció, los ha aturdido a tal grado que hay quienes han entregado a su madre, hermanas y hasta esposas e hijos, con tal de que no les quiten el hueso, el poder. Llega a tanto su sinvergüenza, deshonra, humillación pública, que para conservarlo son capaces de arrodillarse ante sus iguales de desvergonzados jefes, sin importarles el descrédito social.
Pues bien, resulta que ahora ya todos los morenistas lo saben, pero se engañan, cierran los ojos –no quieren ver–, prefieren llorar a solas su romántica creencia de que algún día Morena “va a cumplir”. No aceptan de que ya hasta en otras latitudes se han dado cuenta que Morena y el narco es lo mismo; que los narcotraficantes están dentro; que lo obtenido por el huachicol (600 mil millones de pesos) es una bicoca al lado de lo que fluye por la droga, con la participación o la sociedad de altos funcionarios con los capos de la mafia. Sí, de la mafia que controla también ya el poder político con sus cañonazos de billetes verdes.
La película, cuyos protagonistas principales, las estrellas del filme, serían, sin duda, Andrés Manuel López Obrador y todo su séquito de malandrines, que poco a poco están siendo encarcelados en las mazmorras más oscuras de los Estados Unidos de Norteamérica, porque aquí seguirían libres, disfrutando de sus incalculables riquezas y protegidos por sus compinches de la cúpula política.
Sin embargo, algo más peligroso se cierne sobre el territorio nacional, y no son los ciclones y huracanes que ya están detectados por los especialistas del Sismológico Nacional. ¡No!, se trata, sin duda, de lo que se ha venido fraguando desde la falsa izquierda: tener el poder absoluto. Pero no en la democracia, como en su famosa frase la llamó el escritor peruano, Mario Vargas Llosa, para describir al régimen que gobernó a México durante setenta y un años: la “dictadura perfecta”.
Un poder absoluto como lo padece Cuba con un régimen político de corte autoritario y socialista con un partido hegemónico, donde el poder lo concentra un solo individuo que limita severamente la alternancia en el poder, el pluralismo y la independencia de los poderes públicos. Como lo vivió (o vive) Venezuela, hasta antes de la detención y encarcelamiento de Nicolás Maduro; como lo vivieron otros países bananeros hace décadas.
Basta con mirar cómo Morena ha sometido a los maestros (¡a los profesores!, no los pelafustanes de la CNTE que ni maestros de cuchara son, con respeto a los albañiles que sí trabajan), a los diputados y senadores, a los jueces. Los obreros y los campesinos ya están hartos, pero también están sometidos. No hay medicinas; los alimentos cada vez se encarecen más.
Hoy, en muchas partes del país, como en Cuba y Venezuela que se quedaron en los años 60s, para conseguir azúcar, tortillas, pan, huevo y a veces carne y pollo, se hacen “colas”, filas.

En fin, la película no tendría un final feliz. Ya se lee un drama de terror, drogas y sangre. Lamentablemente, si la llamada oposición no actúa o hace frente a esos visos autoritarios de Morena, será un filme de la vida real. Esperemos que no se trate de una zaga de varios capítulos interminables…








