El obradorismo es claramente de derecha
Las recientes derrotas de la izquierda en el Continente, no es porque los latinoamericanos se hayan “derechizado”, sino por las promesas irrealizadas.
Por: Serapio

Carlos Illades, considerado como quien más ha documentado las peripecias del marxismo y el mejor historiador del socialismo desde el siglo XIX, en su libro “La revolución imaginaria”, editado hace dos años, anunció lo que hoy está sucediendo con la izquierda en Latinoamérica y con el obradorismo en México.
“Hace años creía que López Obrador era populista y de izquierda, pero era de una ‘izquierda desprovista de progresismo’. Supongo que la falta de progresismo radicaba en que el presidente, era nacionalista en lo económico, con ideas románticas y utópicas, conservador en temas morales y providencialista cristiano…”.
En “La revolución imaginaria”, define al ex presidente como conservador, nacionalista, romántico y cristiano en materia social. Pero duda que sea de izquierda, pues no buscó la emancipación social, “es autoritario y unipersonal, tiene expresiones desarrollistas y neoliberales, fomentó la desinstitucionalización, es redistributivo y asistencialista, aspira a una sociedad homogénea, no plural; concentró el poder en sus manos (…), su política tuvo componentes regresivos y reforzó el gobierno autoritario”.
Al leer el libro, una de las más ácidas críticas al obradorismo que se hayan publicado, se concluye que el obradorismo es claramente de derecha, pues, dice el autor, “no existen los regímenes populistas; lo que hay son gobiernos populistas. El populismo no se puede institucionalizar”.
Quizá por ello, la izquierda en América Latina ha sufrido un retroceso significativo en el mapa político regional reciente, perdiendo terreno frente a fuerzas conservadoras y de derecha. Diversos analistas atribuyen este declive electoral al descontento ciudadano con el desempeño económico, problemas de inseguridad y crisis institucionales en distintos países.

¿Qué factores explican este retroceso?: el estancamiento económico, la inflación y la incapacidad de resolver problemas estructurales de pobreza han generado desilusión entre los votantes. Además, el aumento en los índices de criminalidad en varios países ha provocado que la ciudadanía favorezca discursos de mano dura, a menudo propuestos por la derecha.
En algunos casos, el aumento de la polarización, la corrupción y el deterioro de las instituciones democráticas han mermado la confianza en los gobiernos que se dicen de izquierda. El llamado “giro a la izquierda”, que se vivió a principios de la década de 2020, ha visto una renovación de liderazgos conservadores y de centroderecha.
En “El ocaso de la izquierda en América Latina”, editorial publicado en Excélsior el 25 de junio, el investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Luis de la Barreda Solórzano, sostiene que las recientes derrotas de los candidatos de izquierda en los países de América Latina, no se debe a que los latinoamericanos se hayan “derechizado”, pues los votantes, en su gran mayoría, no se inclinan por un discurso ideológico o la denominación de los partidos políticos.
Acepta que los partidos de izquierda, cuentan con un núcleo duro, un segmento de seguidores que les otorgan su voto, pero lo que la ciudadanía anhela no son discursos o programas que les prometan la utopía, sino que prevalezca una seguridad pública aceptable, el combate a la impunidad, condiciones de vida dignas, una justicia confiable, respeto a los derechos humanos y al Estado de derecho, servicios de salud eficientes, educación de calidad, generación de empleos bien remunerados, un medio ambiente saludable y decencia de los servidores públicos, entre otras cosas.

Se desean resultados plausibles, no promesas irrealizadas; buena calidad de vida, no proclamas incendiarias; atención eficaz a los problemas de mayorías y minorías, de grupos y de individuos, no aplazamiento de las soluciones; muestras inequívocas en los gobernantes de vocación de servicio y humanitarismo, no complicidad con intereses ilegítimos o incluso con pandillas criminales.
Para el investigador de la UNAM, la izquierda gobernante ha renunciado a sus proyectos universalistas, sustituyéndolos por políticas sectarias, discursos de odio contra quienes no son sus feligreses, tentativas de intimidar a jueces independientes y periodistas críticos, eliminación de los contrapesos, colocación en los cargos públicos de personajes mediocres cuyo único mérito es la adhesión ideológica.
En México, dice, a las barbaridades comunes de la izquierda latinoamericana se suman el fraude a la Constitución para darse una mayoría calificada en el Congreso no conseguida en las urnas, el dominio de numerosas zonas de la población por parte del crimen organizado y la connivencia del partido en el poder con grupos criminales, la protección a narcopolíticos, más de 130 mil desaparecidos, la degradación de la educación pública básica para domesticar las mentes de los menores, la destrucción del sistema de salud pública, la captura de la defensoría pública de los derechos humanos y la demolición del poder judicial independiente.
¿Se puede proteger a presuntos narcopolíticos sin pagar un alto precio en las urnas? ¿Tres mil pesos a cada persona de edad avanzada, madre soltera y joven que no estudia ni trabaja son suficientes para que los beneficiarios sigan apoyando a un régimen autoritario, inepto y corrupto?, concluye.







