“El Mayo” Zambada: el poder, la traición, la caída

Su detención y sentencia siguen siendo un misterio y extrañas

De él dependió el crecimiento del Cártel de Sinaloa; en sus manos estuvo la vida, voluntad y destino de cientos, miles de hombres y mujeres.

Por: José Luis Cabrera

Ismael, “El Mayo”, Zambada, era un hombre poderoso, muy poderoso. Demasiado para resistir las tentaciones mundanas del dinero, del amor. Durante más de cinco décadas de él dependió el crecimiento del Cártel de Sinaloa; en sus manos estuvo la vida, voluntad y destino de cientos, miles de hombres y mujeres.

Su detención y sentencia siguen siendo un misterio y extrañas. No todos en los gobiernos de México y los Estados Unidos conocen la minucia del seguimiento que se le venía dando a quien es considerado como uno de los líderes más poderosos del narcotráfico; se habla también –y eso quizá nunca se aclarará– que el capo de capos pudo haberse entregado voluntariamente.

Hace dos años –desde el viernes 26 de julio de 2024– se anticipó su caída, su derrumbe.

“Cae ‘El Mayo’ Zambada en Estados Unidos”; “Golpe al Cártel de Sinaloa: detienen a Ismael Zambada y a un hijo de ‘El Chapo’”; “Caen ‘El Mayo’ Zambada y Joaquín Guzmán López en Texas”; “Entregar a ‘El Mayo’ a la DEA cimbra al narco”, adelantaban en sus encabezados los diarios de México y del mundo entero. Narraban como un día antes (25 de julio), por una “traición” de Joaquín Guzmán López, su ahijado e hijo de “El Chapo” Guzmán, llegó a un aeropuerto privado en Texas y fue entregado a agentes federales estadounidenses, bajo un preludio inescapable como el propio destino: “Las pesquisas de la DEA tienen en la mira a sus cómplices”.

“El Mayo” jamás había sido detenido como uno de los principales jefes del Cártel de Sinaloa, cargo que compartía con su compadre y socio, Joaquín “El Chapo” Guzmán desde la década de los 90s.

Desde su detención, “El Mayo” se declaró culpable, y dos años después, el 20 de julio de 2026, fue condenado a cadena perpetua, tras ser hallado culpable de tráfico de cocaína y fentanilo. En su reclusión el capo mexicano redactó una carta en la que pidió acabar con la violencia que predomina en México, en un intento de su defensa para obtener beneficios en la Unión Americana.

En efecto, Zambada busca clemencia durante su encarcelamiento, la cual no tiene “El Chapo” Guzmán que vive en una celda de seis metros cuadrados, lo cual ha afectado su salud en los últimos dos años, según él mismo lo ha reiterado.

Previo al fallo de la justicia estadounidense, en la corte federal del Distrito Este de Nueva York, en Brooklyn, “El Mayo”, de 76 años, leyó la carta en la que se disculpó con todas las personas y familias que habían sido víctimas de sus actos, pidió que cesara la violencia en México e instó a los jóvenes a elegir otro camino y “evitar cometer los mismos errores” (…) “Nadie gana en este tipo de guerra” (…) “No puedo cambiar lo que hice, pero sí asumir responsabilidad”, agregó.

La sentencia no le impone ninguna multa, pero sí ordena que se le decomisen ¡15 mil millones de dólares!, tal y como había solicitado la Fiscalía.

Semanas antes, su defensa había enviado una carta al juez Cogan en la que aceptaba la condena y reconocía que con los delitos que se le imputaban pasaría igualmente sus últimos días en prisión, con o sin cadena perpetua.

En la misma misiva, tras de detallar sus problemas de salud que se han ido agravando, solicitó también que su cliente fuera trasladado a una prisión médica, y con ello evitar que ingrese en el centro de aislamiento extremo de Colorado en el que se encuentra “El Chapo” Guzmán.

Al respecto el juez Cogan no hizo ninguna recomendación, pero pidió que se tuviera en cuenta su edad y condición física. La Fiscalía, por su parte, mostró desacuerdo con la petición, al señalar que el capo mexicano aún tiene contactos.


Mucho antes de su detención, como consecuencia de varias caídas, “El Mayo” se rompió el fémur. Una gruesa cicatriz sobre la rodilla derecha y frecuentes dolores quedaron como testigos de las operaciones a las que fue sometido, hasta finales de enero de 2024.

 Quizá por ello, ingresó a la sala del tribunal cojeando y se quejó (en español) al sentarse:

–¡Ay cabrón! –le oyeron los asistentes más cercanos.

Ingresó a la sala vestido con ropa de prisión de color caqui y una camiseta naranja debajo.


 “Vamos por ustedes”: advierte la DEA a funcionarios corruptos

Siguen las investigaciones relacionadas con el Cártel de Sinaloa

Durante una conferencia posterior a la audiencia judicial en la que fue dictada la condena contra “El Mayo”, el jefe de la DEA, Terry Cole, advirtió que Estados Unidos perseguirá tanto a narcos como a servidores públicos que protejan sus operaciones, debido a que la Fiscalía (estadounidense) sostiene que el Cártel de Sinaloa utilizó sobornos, intimidación y violencia para operar durante décadas.

“Ya sea que seas un narcotraficante o un funcionario gubernamental corrupto, la DEA irá por ti”, advirtió Cole tras de afirmar que la sentencia contra el capo mexicano “no significa el cierre de las investigaciones relacionadas con el Cártel de Sinaloa”.

Por el contrario, aseguró que constituye el comienzo de una nueva etapa de acciones para desmantelar sus redes, bloquear sus movimientos financieros, confiscar sus ganancias y perseguir a quienes faciliten sus actividades dentro y fuera de México. Sus palabras representan una de las advertencias más explícitas de un alto funcionario estadounidense contra autoridades que brinden protección política, policial, institucional o financiera a los grupos criminales.

Aseguró que la DEA mantendrá sus operaciones contra los dirigentes de la organización criminal y contra las personas que contribuyan a protegerlos, independientemente del cargo público, influencia política o capacidad económica que posean.

La advertencia cobra fuerza, debido a que los fiscales estadounidenses sostienen que “El Mayo” operó durante décadas mediante una amplia estructura de corrupción, sobornos e intimidación que le permitió transportar drogas, lavar dinero, evitar capturas y conocer con anticipación operativos de las autoridades.

Según la acusación, el Cártel de Sinaloa pagó durante años a policías y funcionarios mexicanos para obtener protección y garantizar el traslado de cargamentos por distintas regiones del país. Algunos, incluso, proporcionaban escoltas, información sobre despliegues militares y datos de investigaciones en curso. Otros obstaculizaban acciones destinadas a detener a “El Mayo” o a integrantes de su organización.

Se sostiene que cuando los sobornos no eran suficientes, se recurría a la amenaza, el secuestro y el asesinato para mantener el control de sus rutas, silenciar a sus adversarios y conservar la protección necesaria para sus delitos.

Por ello, Cole aseguró que la DEA no limitará sus acciones a la captura de narcos, sino que dirigirá sus investigaciones hacia las redes de apoyo que permiten funcionar a las organizaciones delictivas.

Es decir, Estados Unidos intensificará la recopilación de información financiera, testimonios de colaboradores y expedientes judiciales para identificar a quienes hayan participado en actos de corrupción relacionados con el Cártel de Sinaloa.


Empresario, benefactor, calculador y nada ostentoso

Lamberto Quintero y José Inés Calderón, sus maestros

La historia delictiva de Ismael El Mayo Zambada comenzó en la década de los sesenta, a la edad de dieciséis años, cuando empezó a traficar pequeñas cantidades de mariguana y goma de opio a través de Nogales, Mexicali y Tijuana. Todo fue casual y como consecuencia de su aguda inteligencia.

Cierto día, a El Álamo –pequeña localidad de las montañas de Badiraguato, Sinaloa, donde nació el 1 de enero de 1948–, llegaron los militares a realizar sus revisiones cotidianas en busca de sembradíos de mariguana y amapola, como tantas veces lo hacían en esa década.

Ese día, el adolescente observó y entendió que la ética de quienes traficaban drogas estaba más relacionada con la lógica de la economía que a la ley. Se enteró que muchos militares y policías obtenían un beneficio. ¿Por qué entonces él debía actuar de acuerdo a la ley, si las autoridades no lo hacían?

Cobijado bajo aquella errónea filosofía de la vida, Ismael Zambada –que para sobrevivir cuidaba el ganado a Amado Carrillo Fuentes, quien a su vez protegía las bodegas de su tío Don Neto– cruzó la línea de la moral, y se adentró para siempre en el negocio.

Para comercializar el opio tenía que bajar a Culiacán, con riesgo de ser asaltado y despojado de la codiciada mercancía. Para evitar esos peligros decidió quedarse en la capital sinaloense, que también frecuentaban jóvenes con los que pocos años después (en la década de los setenta) Ismael arrancaría su ascendente carrera criminal, entre ellos Lamberto Quintero Payán y José Inés Calderón Quintero, dos leyendas del narcotráfico de aquellos años.

Eran años en los que, al igual que Quintero y Calderón, reinaban Pedro Avilés Pérez, Juan Nepomuceno Guerra, Jaime Herrera Nevarez, Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero, Alfonso Cabada, Roberto Alvarado, Ernesto Fonseca Carrillo, Manuel Salcido Uzeta y Alberto Sicilia Falcón, entre otros narcos.

Cuando el joven Ismael arranca su carrera delictiva al lado de Lamberto Quintero y José Inés Calderón Quintero, éstos ya eran considerados “señores” de la droga. Nacidos en la década de los cuarenta, eran hombres que lo mismo montaban briosos caballos, que conducían lujosas y modernas camionetas.


Ya como uno de los jefes del Cártel de Sinaloa, cada diciembre Ismael “El Mayo” Zambada García llegaba El Álamo (la pequeña localidad cercana al poblado del Salado donde nació; se localiza a orillas del kilómetro 40 de la carretera que va de Culiacán a Mazatlán), acompañado de varias camionetas a repartir entre sus antiguos vecinos cartones de cerveza y dinero en efectivo, para que celebraran una feliz Navidad.

La gente de El Álamo es callada, discreta y amigable; sus calles están empedradas y bien cuidadas, las viviendas tienen teja roja y son construidas con madera y ladrillo a un sólo nivel. Al frente, todas tienen una cerca de madera arrugada conocida como “palo de Brasil”. Se dice que tanto la conservación del pequeño poblado como sus calles es obra del “patrón”.

En Sinaloa a Zambada se le considera “el último capo generoso”, como hasta hace algunos años, de manera palpable, lo eran varios jefes del narco. Su personalidad altruista se mezclaba con su frialdad para respetar y hacer respetar los acuerdos en los negocios; su carácter siempre reservado lo llevó a mantenerse alejado de las sangrientas disputas de poder, como las que protagonizaron en los años 90s los Arellano Félix y “El Chapo” Guzmán.

Su inteligencia y sangre fría, esa que lo encumbró para estar cerca de los grandes capos como Miguel Ángel Félix Gallardo, primero, y Amado Carrillo Fuentes, después, le permitió ser intocable frente a autoridades mexicanas y norteamericanas durante más de cinco décadas.

Siempre dispuesto a ayudar, a “invertir para su gente”, a Zambada se le atribuye que existan cultivos de agave tequilero en campos que no son tan propicios para ello, pero que con recursos han sido habilitados y sembrados a orillas de la carretera que une Culiacán con Los Mochis. Era visto como un hombre que le preocupa que la gente tuviera trabajo, pero también educación.

Quizá por ello su familia fundó la Estancia Infantil Niño Feliz, la misma que fue señalada por el Departamento del Tesoro de ser “fachada” para lavado de dinero, que dio servicio de guardería y comedor a hijos de empleadas de pocos ingresos o madres solteras. Para algunos sinaloenses, los Zambada son vistos como gente “discreta, generosa y que no se mete con nadie”.

Su papel en la comunidad quedó registrado de manera pública durante las elecciones presidenciales del 2000, cuando la empresa familiar Nueva Industria Ganadera de Culiacán, propietaria de la firma Leche Santa Mónica, señalada también en el reporte del Tesoro estadounidense, fue una de las instituciones privadas que participó con apoyo logístico en la organización de la Consulta Infantil y Juvenil de los Valores Democráticos, preparada por el antiguo IFE, según consta en documentos de la junta local electoral.

Hasta antes de su detención eran pocas las imágenes que se conocían de él. En una de ellas aparece con bigote, ceja poblada y delgado, muy delgado. Otra es un boceto hecho a lápiz, donde se le reproduce algo pasado de peso y también con bigote, pero con canas en las sienes. La última, la que la DEA y la PGR difundieron, cuando ofrecían cinco millones de dólares por información que llevara a su captura, lo muestra con el rostro cansado, la mirada serena, con la ceja disminuida y con el cabello corto, peinado de lado.

De sus alias, según los estadounidenses, se le conocía como “Jerónimo López Landeros”, “Ismael Higuera Rentería” y “Jesús Loaiza Avendaño”. Sea bajo su nombre real o supuestos, a Zambada no le gustaba la ostentación ni el derroche. Prefería el bajo perfil y pasar desapercibido, cuando se desplazaba de un sitio a otro.

Cuando Lamberto Quintero fue ejecutado en 1976, Zambada quedó bajo la égida de Inés Calderón. Cuando Inés Calderón fue asesinado en 1988, pasó a trabajar de forma directa con Félix Gallardo, “el jefe de jefes”. Por aquella época, sus primeras ganancias las invirtió en comprar cabezas de ganado, y se volvió más discreto. Era los tiempos en los que la ostentación de la riqueza comenzó a ser norma de los barones de la droga.


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