Se fortalece la dictadura en Nicaragua

El presidente Daniel Ortega anuncia que ya no habrá elecciones

El Ejército podría restablecer el orden Constitucional en el país centroamericano, pero la élite militar hoy apoya a la “Familia Imperial”.

Por: Emeachege

El presidente Daniel Ortega advirtió que ya no habrá elecciones en Nicaragua, lo que confirma el carácter dictatorial de la administración que él y su esposa, Rosario Murillo, encabezan desde 2007. Pareja a la que el fallecido sacerdote y poeta Ernesto Cardenal llamaba la “Familia Imperial”.

 La posibilidad de que no haya más elecciones en Nicaragua el dictadorzuelo Ortega la hizo el domingo 19 de julio, en su discurso que pronunció durante un acto masivo para conmemorar el 47 aniversario de la caída de Anastasio Somoza, celebrado en Managua.

“Aquí (en Nicaragua) no volverán a haber elecciones para que ellos (la oposición) intenten atrapar el gobierno, atrapar el poder”, dijo el exguerrillero sandinista de 80 años que, en medio de denuncias de fraudes electorales o eliminando a la oposición, gobierna el país junto a su esposa, Rosario Murillo, a quien hizo vicepresidenta en 2017 y copresidenta en 2025 mediante una reforma constitucional, que le dio poder absoluto a Ortega y a su esposa.

Dicha Reforma constitucional (duramente criticada por la ONU, la OEA), Estados Unidos, el Parlamento Europeo y opositores nicaragüenses), en enero pasado Marco Rubio secretario de Estado de Estados Unidos la calificó de una “manipulación” de Murillo (la esposa que se dice es quien realmente dirige el país), para inventarse el cargo de “copresidenta” en Nicaragua sin elecciones, sin mandato y sin legitimidad, “porque sabe que no puede ganar” en un proceso electoral libre.

“Cobardemente”, junto a Ortega, “ha negado a los nicaragüenses el derecho al voto democrático porque sabe que no puede ganar”, insistió, tras de advertir que “el poder basado en la represión y la manipulación constitucional no es la voluntad del pueblo” nicaragüense.

La enmienda amplió de cinco a seis años el periodo presidencial, estableció la figura de “copresidenta”, que el Ejecutivo “coordine” los demás “órganos” del Estado, que dejan de llamarse poderes, y legalizó la apatridia (condición en la que una persona no posee ninguna nacionalidad porque ningún país la reconoce como su ciudadana).

Nicaragua debería celebrar elecciones generales en noviembre de 2026, pero por la reforma constitucional amplió el período presidencial, por lo que en teoría sería hasta noviembre de 2027.

En el acto conmemorativo, Ortega anunció que van trabajar con la Asamblea Nacional (Parlamento), subordinada a la Presidencia, “y con las organizaciones correspondientes las leyes para que le pongan un muro, un bloque, a los golpistas, a los vendepatrias, y que por mucha plata que le den los yanquis no podrán”.

Tras del triunfo de los sandinistas en 1979, Ortega gobernó su país de 1979 a 1990. Después de 17 años en la oposición regresó al poder en 2007, para ya no soltarlo. Desde entonces en Nicaragua ha habido elecciones, pero fraudulentas, que le han permitido mantener el poder en últimos 20 años.

Se afirma que si en Nicaragua hubiera elecciones libres y limpias, la “Familia Imperial”, como el fallecido sacerdote Ernesto Cardenal llamaba a Ortega y Murillo, perdería las elecciones. La pareja lo sabe y por eso en todas, ya en el poder, ha hecho fraude.

En Nicaragua, las distintas organizaciones de la oposición, de manera conjunta coinciden en que todo está diseñado para que, a la muerte de Ortega, enfermo y con 80 años encima, herede el poder su esposa, sin realizar elecciones, aunque fueran simuladas.

Las declaraciones de Ortega, “no es un gesto político interno, sino la decisión explícita de abolir el derecho del pueblo nicaragüense a elegir a sus gobernantes y de consolidar un régimen autoritario, permanente y dinástico, incompatible con los principios de la democracia representativa y el derecho internacional”.

“Las elecciones libres no son una prerrogativa del gobernante de turno; son un derecho fundamental del soberano que es el pueblo nicaragüense y no el tirano, además de un derecho humano inalienable y un pilar esencial del Derecho Internacional Público”, agregan.

Sin embargo, en la Nicaragua de hoy no se observa ninguna posibilidad de que la “Familia Imperial”, una de las más ricas del país, pueda ser relevada del poder. La única fuerza que podría restablecer el orden Constitucional y abrir el espacio, para que hubiera elecciones reales, es el Ejército, que hoy está plenamente comprometido con la dictadura y es su sustento principal.


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